Tratamientos sorprendentes que por suerte desaparecieron

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Imagen de Ryan McGuire, artista visual

Afortunadamente la ciencia avanza y gracias a ella disponemos en la actualidad de tratamientos seguros y efectivos para muchas enfermedades. Si echamos la mirada atrás, no muchos años antes, solo cien añitos, se aconsejaban remedios que hoy pueden parecernos disparatados y algunos de ellos hasta peligrosos, pero se practicaban bajo recomendación incluso de los propios médicos.

Haber, hubo muchos, desde dispositivos para aumentar la altura de una persona, que no hacían otra cosa que tirar de los músculos y provocar dolor, hasta el uso de sanguijuelas para restaurar el equilibrio de los humores en el cuerpo y la inflamación; desde tratar la sífilis con mercurio, hasta realizar lobotomías para tratar la ansiedad y la psicosis; desde ingerir el polvo de cadáveres humanos para tratar la epilepsia, cortes y hematomas, hasta tomar heroína en jarabe para tratar la tos y los resfriados; desde ponerse enemas de humo de tabaco para tratar los dolores de cabeza y de estómago, hasta aplicar orina para curar el dolor de muelas y las picaduras. La lista es interminable y me centraré en otros tratamientos curiosos.

Sentarse dentro del cadáver de una ballena

En Australia durante el siglo XIX predicaban que para tratar la artritis lo mejor era sentarse dentro de una ballena muerta durante 30 horas. No sé si alguno de vosotros ha experimentado esa sensación, pero seguro que el olor que tuvieron que aguantar fue, espantoso no, lo siguiente. Se pensaba que si así lo hacían aliviarían el dolor durante doce meses. Menos mal que hoy disponemos de antiinflamatorios y analgésicos.

El jarabe de la Sra. Winslow

Elaborado por la señora Charlotte N. Winslow en 1849 y eficazmente comercializado por sus sobrinos, Jeremías Curtis y Benjamin A. Perkins, en Bangor, gracias a una impresionante campaña publicitaria dirigida a las madres que no podían dormir por el llanto de sus hijos. Afirmaban que era la panacea para cualquier dolor, especialmente para aliviar la dentición de los bebés, aunque su composición, sulfato de morfina y alcohol, no era de lo más saludable que se diga. A pesar del peligro que suponía, no se retiró su venta hasta 1930 al estar avalado por un informe que publicó la revista «American Medical Times» en 1860, donde se acreditaba su utilidad y gracias también al boca a boca entre las agradecidas madres que de esta forma podían dormir mejor. Como podéis imaginar los niños terminaron por ser adictos a la droga.

La dieta de la tenia

Dentro de los innumerables tratamientos para bajar peso (por cierto, cuando hay tantos tratamientos es que ninguno funciona) encontramos uno que se puso de moda en la época victoriana: ingerir unas píldoras que en realidad eran huevos de lombriz solitaria del que salía un parásito que al llegar a la madurez en el intestino absorbía la comida provocando pérdida de peso, diarrea y vómitos. Una vez alcanzado el peso ideal el individuo se tomaba una pastilla anti parásitos para deshacerse de las lombrices, el problema es que podían provocar otras patologías mientras las tenias se encuentraban en el organismo, y algunas pueden llegar a medir hasta… ¡nueve metros! A ver quién la saca (y por dónde).

Broncear bebés para evitar el raquitismo

Enfermera y niños con protección ocular, se exponen a una «lámpara solar» para el tratamiento del raquitismo. Hospital Johns Hopkins, Baltimore, cerca de 1920

En épocas de guerra y posguerra era habitual alimentarse mal y cuando hablamos de un bebé o un niño pequeño era frecuente que sufriera de raquitismo. Hoy disponemos de vitamina D y calcio que ayudan a prevenirla, pero antes los médicos pensaban que lo mejor era broncearse. La foto de arriba no deja de ser curiosa, pero si miramos la de abajo es aterradora.

Una jaula externa para que los niños reciban suficiente sol durante el día. Londres, 1926

Dilataciones rectales para la locura

Cuando hablamos de la locura los tratamientos se complican, aunque el Dr. Young lo tenía muy claro. Nada mejor que utilizar uno de sus dilatadores rectales durante unas semanas para curarla. Desde 1893 se comercializaron, no solo para curar esta enfermedad mental, sino también para tratar las hemorroides y el estreñimiento. Por otra parte, creo que con poco éxito.

Cigarrillos para tratar el asma

Imagen de ub.edu

Hasta mediados del siglo pasado se pensaba (o eso nos hacían pensar) que los cigarrillos eran algo así como una medicina. Y qué mejor para tratar el asma y otras enfermedades respiratorias que fumar. Muchos médicos lo aconsejaron y surgieron distintos tipos de cigarrillos como el que aquí os muestro del Dr. Andreu, quien indicaba que no tenía efectos secundarios, ni contraindicación alguna.

El asmático deberá fumar estos cigarrillos lentamente, aspirando fuertemente el humo, para que éste invada completamente el aparato respiratorio. Hará uso de ellos en la hora en que habitualmente le sobreviene el acceso; si un cigarrillo no le basta, deberá fumar otro a continuación

Coca-Cola con drogas

Una de las primeras botella de Coca-Cola (1906) que para su época era un jarabe

Sabemos que se creó esta bebida en 1885 como tónico para ayudar a curar muchas dolencias, entre ellas los dolores de cabeza, y es que en sus primeros años no era infrecuente que se le añadieran drogas como la cocaína, concretamente 8,45 miligramos por vaso, aunque advirtieron que la cafeína, el otro ingrediente por excelencia del refresco, podría aumentar los efectos de la droga. En 1902 la empresa eliminó de la fórmula la sustancia cediendo a las fuertes presiones a las que estaba siendo sometida.

Paludismo para la sífilis

Malarioterapia. Imagen de jralonso.es

Debemos mucho a los antibióticos y es que antes de que aparecieran podíamos encontrar tratamientos tan sorprendentes como el de infectar con malaria deliberadamente a una persona afectada de sífilis. Se conoció como malarioterapia y se convirtió en el tratamiento por excelencia en la sífilis avanzada. Este tratamiento se realizó hasta los años 40.

Más sorprendente es saber que este tratamiento podía funcionar, ya que la fiebre producida por la malaria destruía gran parte de las bacterias, el problema es que además de no ser muy agradable, causaba un 15% de mortalidad por la inoculación del parásito.

7 comentarios

    1. Hola Enrique,
      a mí la imagen del niño encerrado desafiando la gravedad me impresionó cuando la encontré. Lo que hicieron algunos por tener un poco de vitamina D en su cuerpo. Por fortuna, hoy te tomas una pastillita y solucionado.
      Abrazos

  1. Impresionante. Lamentablemente he de decir que las cápsulas rellenadas con lombrices ha no tanto que desgraciadamente las he visto de forma directa. Imagínate el susto de la paciente cuando vió que la cápsula andaba a saltos por encima de la mesa.

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