La «sacrificada» profesión de ser nodriza (y chupapechos)

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Luis XIV y la Dama Longuet de La Giraudière. Alrededor de 1640. Charles Beaubrun
 

Las nodrizas han cumplido una misión importantísima a lo largo de los tiempos y hasta hace poco menos de un siglo. Muchos niños, abocados a morir por la pobreza y la falta de medios de sus familias sobrevivieron gracias a este oficio del que tan poco se habla en nuestros tiempos y que probablemente pasó ya al olvido. Al igual que ellas, también existió otro oficio -este aún menos conocidos-, el «chupapechos», mujeres encargadas de chupar los pechos de las nodrizas para mantener un flujo constante de leche. Si es que no será por oficios…

La Real Academia Española define la Nodriza como «la mujer que cría una criatura ajena». Recibe otros nombres como ama de crianza, ama de cría, ama de leche o criandera, pero llamémoslas como sea, esta profesión se remonta a la prehistoria. Las primeras referencias escritas proceden de las culturas de la antigua Mesopotamia, concretamente en las Leyes de Esnunna y en el Código de Hammurabi (siglo XVIII a. C.).

Tipos de nodriza

Se distinguen dos tipos de nodrizas, las que contratan por presentar la madre alguna razón física que le impedía producir leche suficiente para amamantar a su hijo -como en el caso de los partos múltiples-; o las que se contratan simplemente por razones sociales, ya fuera porque así liberaba a la madre biológica para dedicarse a otros menesteres o simplemente por considerarla una profesión inadecuada para ellas. A estas últimas se las conoce como nodrizas mercenarias (particularmente el nombre no me acaba de convencer), pero resultó ser una profesión muy bien considerada, que en el caso de alimentar y criar a futuros reyes las mantuvo muy cerca de los centros de poder. La nobleza emuló a los reyes y fueron los que propagaron y prestigiaron la profesión de nodriza, gratificándolas espléndidamente y recompensándolas en ocasiones con el título de hidalguía para ellas mismas, sus maridos y sus descendientes.

Durante la Edad Media era costumbre que las mujeres acomodadas obligaran a firmar un contrato ante la presencia de un notario que garantizaba el servicio hasta que el bebé fuera lo suficientemente grande, bajo pena de una multa elevadísima si no querían terminar encerradas en una prisión tras su incumplimiento. Este contrato también obligaba a una serie de normas estrictas como la de no mantener relaciones sexuales, al pensar que si la mujer se quedaba embarazada su leche se agriaría.

Las nodrizas en España

Lo habitual era que la gran tasa de mortalidad materna a consecuencia del parto y en el postparto no dejaba otra opción que encontrar nodrizas que pudieran alimentar a los recién nacidos, y en nuestro país se optó por crear centros de acogida de los recién nacidos donde encontramos nodrizas que los recogían en sus casas a cambio de dinero. A los siete años podía optar a prohijar al niño o devolverlo al orfanato.

Hubo otro problema que tenían que asumir las nodrizas: la sífilis. Esta enfermedad podría afectar al recién nacido y posteriormente a ellas mismas, así pues, debían pasar unos días desde el parto para asegurarse que el bebé no tenía la temida enfermedad. Sin embargo, este riesgo era asumido por las nodrizas que daban a luz en el centro de acogida y daban de lactar a su hijo y a otra criatura que naciera allí durante su estancia en las primeras semanas de vida.

En Barcelona encontramos un impresionante edificio modernista singular con ciertos aires góticos en pleno la Gran Vía, construido bajo el concepto de mecenazgo social para las madres sin recursos: la Casa de la Lactancia, conocida también como maternidad debido al hecho de que en su interior también se asistieron partos. Su arquitecto es Antoni de Falguera Sivilla y se inauguró en 1913, otra joya del modernismo de la ciudad.

La patrona de las nodrizas

San Pedro Sanación Santa Águeda, óleo sobre lienzo alrededor de 1614, de Giovanni Lanfranco

Como cualquier otra profesión las nodrizas se encomendaban a un patrón (patrona en este caso), Santa Ágata. De hecho es a ella a quien hay que encomendarse para los dolores de pecho, los partos difíciles y los problemas con la lactancia. Y como cualquier otro patrón tiene un día del año, el 5 de febrero, en el que es costumbre comer, tanto las nodrizas como las mujeres con hijos pequeños, una especie de panecillos dulces bendecidos con un vaso de leche, al pensar que con este alimento la cantidad de leche en sus pechos aumentaría.

El motivo por el que Santa Ágata es la patrona de las nodrizas lo encontramos en una chica del siglo III d. C. Santa Águeda de Catania -a veces también llamada “Ágata”-, que se negó a tener relaciones sexuales con el gobernador romano Quinciano por ser cristiana y haber consagrado su virginidad a Dios. El prefecto, enfadado, y como ejemplo de escarmiento para los demás, ordenó que la torturaran por ser cristiana. Primero le cortaron los pechos, pero San Pedro le curó las heridas, después la condenó a morir sobre un lecho de carbón al rojo vivo, sin embargo, un terremoto cambió su destino salvándose de la quema y haciendo caer un muro sobre el gobernador. Al final, su destino fue morir encerrada en una prisión.

Lo cierto es que hasta que no aparecieron a mediados del siglo XX fórmulas completas para la leche en polvo y en algunos casos adaptadas al sistema digestivo del niño la figura de la nodriza se mantuvo en los países desarrollados, aunque puede que para más de uno de nosotros la podamos considerar como una profesión del pasado, muy pasado…

Para saber más:

Thomas Ledl

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