Ser «urinator» en la antigua Roma (y no tiene nada que ver con el desbeber)

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Si pensamos en el ejército de la antigua Roma a todos nos viene a la mente la imagen de ese fornido legionario vestido de color rojo con su armadura, su casco, su escudo y su espada. De hecho,  Roma fue una potencia eminentemente terrestre, pero… ¿sabíais que también dispusieron de un eficaz cuerpo de buceadores profesionales conocidos como «urinatores»?

Sí, el nombre como que te echa un poco para atrás, aunque etimológicamente la palabra «urinator» deriva del latín urinare, que significa inmersión o buceo en el agua, así pues, nada que ver con ningún acto miccional.

Buceadores en los ejércitos de la antigüedad

Relieve descubierto por el arqueólogo Austen Henry Layard en el Palacio Noroeste de Nimrud en 1846, que hoy está en el Museo Británico (entre los años 865 y 860 a. C. durante el reinado de Asurnasirpal II)

Sabemos de la existencia de buceadores ya en tiempos de la antigua Grecia y con el imperio antiguo asirio. Según cuenta Heródoto en su Historia VIII, durante la batalla en el Cabo de Artemisium durante las guerras médicas entre griegos y persas en el siglo V a. C. el mejor nadador de entonces, Escilias de Esciones, y su hija Ciana, protegidos por la oscuridad de la noche y durante una tormenta, lograron pasar sumergidos entre Artemisium y Aphetes, para cortar las amarras de la flota naval del persa Jerjes, entre la confusión originada y el desastre que se produjo la victoria se inclinó a favor del ejército griego.

Y el historiador griego Tucídides relata que en el siglo V a. C. durante la guerra del Peloponeso, se hizo necesaria la acción de nadadores de combate durante el sitio a Siracusa por los ejércitos atenienses para destruir una gran empalizada que impedía la entrada de los barcos.

En la conquista de Tiro por Alejandro Magno en su camino hacia Egipto en el siglo IV a. C,, se sabe que grupos de buceadores tirios realizaron incursiones de sabotaje en el segundo espigón levantado por Alejandro Magno, exitosas al principio, sin embargo, no impidieron la victoria del brillante estratega militar griego.

Los «urinatores» romanos

El historiador romano Tito Livio cuenta cómo en el siglo II a. C. el rey Perseo arrojó su tesoro al mar para que no cayera en manos del enemigo, recuperándolo después unos buceadores llamados «urinatores».

Cuerpo de Urinatores de Ostia

La primera acción militar conocida de este cuerpo militar la encontramos en la guerra civil entre Julio César y Pompeyo, cuando las naves de este último sitiaban el puerto de Orique. Los «urinatores» de Julio César, bucearon desde la playa para llegar a las naves de Pompeyo, cortaron los cabos de sus anclas, y las remolcaron hasta la orilla donde fueron destruidas.

Estos soldados realizaban el mismo entrenamiento que cualquier otro soldado romano, debiendo además realizar un adiestramiento especial en el agua para aguantar la respiración bajo el agua el mayor tiempo posible.

En tiempos de guerra, y con solo un cuchillo encima, realizaban operaciones de sabotaje, hacían encallar los barcos colocando obstáculos, entregaban mensajes secretos… en fin, numerosas acciones que, por otra parte, resultaban de lo más contundentes. Tan efectivas eran que los enemigos se preparaban concienzudamente para evitarlos cerrando los puertos con redes con cascabeles, apostando centinelas armados o colocando rejas en los aliviaderos.

En tiempos de paz también eran requeridos para rescatar pecios. Su demanda fue tal que constituyeron un gremio dedicado a rescatar del agua las mercancías que caían durante los trabajos de carga y descarga. El escritor del Imperio romano del siglo IV de nuestra era, Flavio Vegecio Renato,​ escribió en su «De re militaris» que eran capaces de recuperar objetos a 27 metros de profundidad, y que dependiendo del peso y de la profundidad les pagaban más o menos.

Plinio «el Viejo» narra en su Historia Natural que los «urinatores» llevaban una especie de gafas de buceo, que no era más que una esponja en la boca impregnada en aceite que iban mordiendo para liberar el aceite y crear una pantalla frente a ellos que mejorase la visibilidad, ya que el índice de refracción del aceite es muy parecido al del ojo humano ¡Menudo ingenio!

Durante el asedio de Bizancio por el emperador Septimio Severo en el año 195 d. C. un grupo de «urinatores» nadaron desde la orilla, se sumergieron frente a los barcos del emperador, clavaron argollas a sus cascos, cortaron las cuerdas de las anclas para remolcarlos y apresarlos en la orilla. Fue la última acción bélica conocida de estos valientes y temidos soldados romanos.

Aquí os dejo un enlace al canal de YouTube Historias de la Historia de JJ Priego, donde nos explica esta curiosa historia como solo él sabe hacerlo.

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