La maldición de los Vivero y el castillo de Fuensaldaña

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Imagen de joan vacal

Valladolid es uno de los lugares de Europa con más castillos. En la actualidad, en la provincia pueden visitarse unos 23 castillos, pero hubo muchos más que ya no existen, y muestra de su importancia es que llegaron a tener un tipo de modelo arquitectónico propio conocido como escuela de Valladolid, en el que se reconoce una planta cuadrada y una gran Torre de Homenaje, cuyos dueños no eran reyes, sino pequeños nobles que buscaban ascender socialmente y solo unos pocos eran de grandes familias señoriales. Permitidme que os muestre hoy la historia del Castillo de Fuensaldaña, donde los Reyes Católicos firmaron su compromiso matrimonial en 1469, y cuyo ambicioso dueño, Alfonso Pérez de Vivero, y sus descendientes, sufrieron la maldición de otro noble castellano, don Álvaro de Luna.

El contexto

La ambición de la nobleza por hacerse con el poder en la Corona de Castilla hizo que entre 1437 y 1445 se enfrentaran en la conocida como guerra civil castellana. Por un lado, el Condestable de Castilla don Álvaro de Luna, el rey Juan II de Castilla y el príncipe de Asturias don Enrique; por otro, los infantes de Aragón don Juan y don Enrique, hijos del rey de la Corona de Aragón, Fernando de Antequera, quien fue regente de Castilla durante la minoría de edad de Juan II.

El 19 de mayo de 1445 se libró la decisiva batalla extramuros a la villa castellana de Olmedo, y la victoria fue para el rey Juan II, aunque en realidad, los verdaderos vencedores fueron los nobles de Castilla que lograron importantes beneficios. La eliminación de los Infantes agudizó el tradicional enfrentamiento entre la nobleza y la monarquía, más cuando a la práctica existieron dos Cortes, la del rey Juan II y su condestable don Álvaro de Luna, y la del príncipe de Asturias, el futuro Enrique IV, con sus correspondientes nobles. Una situación que fue erosionando el prestigio de la Corte hasta que llegaron los Reyes Católicos.

La maldición de don Álvaro de Luna

Alfonso Pérez de Vivero nació en Lugo y poco se sabe de sus primeros años de vida y de su formación. Se piensa que entró al servicio del entonces Condestable de Castilla don Álvaro de Luna, a principios de la década de 1420, y fue tal la confianza que le tuvo que en la década de 1430 fue nombrado contador mayor, que le permitía controlar los ingresos del Rey y cobrar las rentas y derechos pertenecientes a la Corona, uno de los mejor retribuidos cargos de la Corona de Castilla.

Alfonso Pérez de Vivero gozó de la máxima confianza de don Álvaro de Luna, representándole incluso en diversas negociaciones políticas y le apoyó en los momentos más difíciles, como cuando los infantes de Aragón le derrotaron en 1441. Tras la batalla de Olmedo, Vivero, que seguía apoyando a don Álvaro, recuperó su oficio que continuó desempeñando hasta su muerte, permitiéndole adquirir rentas y territorios en el término de Valladolid y en otros territorios que habían pertenecido a la orden de Alcántara.

Todo cambió en los primeros meses de 1452. Vivero, conocía bien al rey Juan II y supo que su buena relación con don Álvaro de Luna estaba llegando a su fin, y la segunda esposa del monarca, la reina Isabel de Portugal, quería deponer a don Álvaro de Luna por el poder y la influencia que tenía sobre el rey, además, la nobleza se enfrentó al condestable y le acusaron de ser el principal responsable de los males del reino. Ante este panorama Vivero decide traicionarlo, advirtiendo al conde de Plasencia el plan que tenía don Álvaro de Luna para ocupar la fortaleza de Béjar y hacerle preso, pero esta traición llegó a oídos del condestable y ordenó que le mataran en una reyerta callejera, un viernes Santo en Burgos de 1453.

Sin embargo, esta decisión se giró en contra de don Álvaro de Luna y tras descubrirse que ordenó el asesinato de Vivero sus enemigos tenían la excusa perfecta para apresarle. Así, pocos meses después, el condestable acompañó en la muerte a su protegido, tras morir degollado en Valladolid. Según se cuenta, antes de fallecer maldijo a Alfonso Pérez de Vivero y a sus descendientes, una maldición que se hizo realidad…

El castillo de Fuensaldaña

Alfonso Pérez de Vivero fue comprando los lotes señoriales que conformaban Fuensaldaña para construirse un castillo-palacio y construyó la Torre del Homenaje en 1452, poniendo al frente de las obras al cantero Mohamed y a esclavos musulmanes en su construcción.

Tras su muerte, su hijo, Juan Pérez de Vivero, primer Vizconde de Altamira, recibió de manos del rey Juan II el mismo oficio que su padre y continuó las obras del castillo, dejando su escudo de armas en la puerta principal. Unas veces se puso del lado del rey Enrique IV y otras veces se unió a la liga nobiliaria que encabezaba el marqués de Villena, siendo destituido de su cargo como contador mayor del reino en 1465. Fue entonces que apoyó a los Reyes Católicos, y junto con su esposa, María de Acuña, sobrina del arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo, principal valedor del matrimonio de los jóvenes príncipes, hizo que se celebrara su matrimonio secreto y su luna de miel en este castillo.

Según el historiador Hernando del Pulgar, la sala donde Isabel y Fernando se vieron por primera vez estaba situada en el ángulo de las dos fachadas que abría el edificio sobre la calle. Ella tenía 18 años y él, uno menos. Hablaron durante dos horas y se repartieron regalos antes de firmar la promesa formal de matrimonio, que el notario puso por escrito. La ceremonia se celebró los días 18 y 19 en la «Sala Rica», hoy Sala de Investigadores.

Los esposos consumaron el matrimonio la noche del 19 al 20 y a la mañana siguiente, los testigos entraron en la alcoba nupcial tocando trompetas, flautas y timbales, y mostraron a la multitud la sábana manchada con sangre. 

En los últimos años del reinado del rey Enrique y los primeros de los Reyes Católicos, hasta su muerte en 1487, sufrió importantes pérdidas en su patrimonio y cayó en desgracia tras el destierro de su hijo primogénito, Alonso Pérez de Vivero, segundo vizconde de Altamira, quien se puso del lado de doña Juana y su esposo el rey de Portugal contra los Reyes Católicos, además, en 1487, casado en segundas nupcias con María Manrique de Benavides, fue sospechoso a los ojos de los Reyes de haber dado muerte a su primera esposa, Elvira de Quiñones, obteniendo el perdón real en 1490. No obstante, continuó la construcción del castillo y amante de la poesía, también fue uno de los más grandes poetas de la corte.

Tras la muerte de Isabel la Católica en 1504 se vivió un momento de inestabilidad política y con la llegada de Carlos I de España y V de Alemania, a quien le acompañó gran número de nobles y clérigos flamencos, produjo recelos entre las élites sociales castellanas, un descontento que fue transmitiéndose a las capas populares. En 1520 se inició la revuelta en Toledo extendiéndose rápidamente a otras ciudades dando lugar a la guerra de las Comunidades de Castilla, un levantamiento armado de los denominados comuneros que duró dos años. Fue entonces que el castillo de Fuensaldaña fue ocupado por estos sin apenas oposición al no disponer de una gran guarnición que lo defendiera, ya que se construyó más como residencia que como fortaleza.

El hijo del segundo vizconde de Altamira, Juan, continuó la tradición familiar, asesinando por celos a su segunda mujer, lo que devino en una nueva confiscación del castillo. El cuarto vizconde, hijo del anterior, recuperó los bienes al alcanzar la mayoría de edad. Y su hijo Juan de Vivero recuperó la fama del linaje al casar con Magdalena de Borja, obteniendo de Felipe II la concesión del título de conde de Fuensaldaña; al morir sin hijos, se extinguió el linaje de los Vivero.

Poco tiempo después, el castillo se abandonó y las dependencias palaciales se arruinaron, en la actualidad, es propiedad de la Diputación de Valladolid y tras una cuidadosa reforma, hoy es un centro de interpretación de los castillos, una visita de lo más recomendable.

Para saber más:

Genealogía de los Vivero

6 comentarios

    1. Hola libreoyente,
      lo cierto es que la comencé este verano y a diferencia de las otras esta me la tomaré con calma, disfrutándola, intentando ir a las localizaciones que describo en ella. Vaya, en plan Pérez Reverte, pero a otro nivel ¡ja, ja, ja!
      Abrazos y que tengas unas buenas fiestas y Fin de Año!!!

  1. Qué interesantes tus artículos y los enlaces que los amplían.
    Claro que será una gozada si publicaras un libro recopilatorio! No me lo perderé.
    Felices Pascuas!

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