Las ambulancias «veloces», la sencillez de un gran invento

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Un carruaje tirado por caballos prestando servicio como ambulancia durante la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865)

Puede que sea uno de los inventos relacionados con la medicina que más vidas ha salvado (y sigue haciéndolo). Ante una urgencia médica los minutos cuentan y en la actualidad contamos con eficaces protocolos de actuación en este sentido. Sin embargo, a lo largo de la Historia, ya sea por falta de medios o por el simple hecho del desconocimiento, ante una urgencia vital poco podían hacer, algo que se ponía aún más en evidencia en época de guerras. Me gustaría presentaros a uno de esos personajes de los que decimos que «hubo un antes y un después», en este caso por las vidas que se salvaron gracias a su inventiva y determinación, se trata del cirujano francés Dominique Jean Larrey.

Es el hombre más virtuoso que he conocido.

Napoléon Bonaparte

…que el mismísimo emperador de Francia se refiriera a Larrey como el hombre más virtuoso, dice mucho de él, y es que no solo fue un gran cirujano, sino que a él le debemos la invención de las ambulancias.

Un poco de Historia

Sabemos que en la Antigüedad se transportaron enfermos mentales y de lepra, y no encontramos la primera evidencia de una ambulancia hasta el siglo X, concretamente en Inglaterra, una camilla montada en un carro tirado por caballos. Es bien conocido que en la Edad Media existían hospitales, pero poco sabemos sobre cómo llegaban los heridos a ellos, probablemente a pie o en caballos por su propia cuenta, y es que el uso de caballos continuó hasta el siglo XX.

En las guerras, los soldados heridos eran trasladados por algún compañero hasta un hospital de campaña, que por reglamento debía estar a unos cinco kilómetros del campo de batalla, y no antes de finalizar la batalla, eso si tenían suerte, ya que si habían perdido podían ser rematados por el enemigo o abandonados a su suerte. Esto significaba que no eran atendidos antes de 24 o 36 horas. Además, primero se llevaban a los soldados de mayor graduación o a los que podían reincorporarse en breve a la batalla, en lugar de llevarse a los que se encontraban en un estado más grave. Todo esto cambiaría con nuestro protagonista.

Dominique Jean Larrey

Retrato de Larrey por Marie-Guillemine Benoist (1804)

Ya sabéis que tampoco es mi intención profundizar mucho en la vida de los personajes históricos -para esto están las biografías- y no haré una excepción con su vida, pero sí quisiera comentar que nació en la región de Occitania, en el departamento francés de los Altos Pirineos, y en su familia encontramos a su abuelo que fue cirujano-barbero y un tío que trabajó en Toulouse también como cirujano. Con este aprendió el oficio y en 1786 se trasladó a París para completar sus estudios. Participó, mejor dicho, lideró, a un contingente de unos 1500 estudiantes y cirujanos en 1789 durante la toma de la Bastilla.

Como cirujano siempre estuvo innovando y a la vanguardia de los avances médicos. Sus conceptos sobre infecciones, transmisión de enfermedades epidémicas, aneurismas, quemaduras y control de las hemorragias fueron acertados y ayudaron a salvar muchas vidas. También diseñó un vendaje que no tenía que cambiarse tan frecuentemente como hasta entonces, ayudando así a la cicatrización, además de construir un aparato para inmovilizar las extremidades fracturadas o lesionadas.

El rey de las amputaciones

En aquellos tiempos las heridas ocasionadas por las balas de mosquete, las balas de cañón, la metralla y los proyectiles ocasionaban destrozos complicados de solucionar. Como decía antes, el tiempo es oro, y la rapidez a la hora de atender a estos soldados heridos era vital para su supervivencia. Cuando las extremidades resultaban muy dañadas debían amputarse dentro de las primeras cuatro horas en lugar de hacerlo a los diez o incluso veinte días después, siendo así más sencilla la técnica de amputación, menos dolorosa y perder menos sangre. Al no haber anestesia, la rapidez en la práctica de la amputación era muy importante para que resultara exitosa, y en eso la habilidad del cirujano que te atendía resultaba imprescindible. Ya dediqué un artículo en el blog sobre otro ilustre cirujano nacido a principios del siglo XIX, Robert Liston, capaz de amputar una extremidad en tan solo dos minutos y medio con el asombroso resultado de salvar a nueve de cada diez pacientes, cuando lo normal era tener una mortalidad del 25 %. Pues bien, que se sepa, Dominique Jean Larrey amputó más extremidades que nadie en la Historia, él mismo nos cuenta que en la batalla de Borodinó realizó en un solo día unas 200 amputaciones. Si hacemos el cálculo aproximado resulta que ese día realizó una amputación cada siete minutos, logrando una supervivencia de tres de cada cuatro amputados gracias a la premura en su realización.

… y llegamos a las ambulancias

Consistían en una caja de madera abovedada, con el interior forrado, dos ventanas pequeñas a ambos lados y puertas de doble batiente tanto delante como detrás. En su interior se localizaban cuatro rodillos que permitían deslizar la base sobre la que iba un colchón forrado de cuero.

Imagen de xlsemanal.com
Modelo de la Ambulance-volante de Larrey

Larrey las utilizó por primera vez durante el sitio de Maguncia en julio de 1793 y puso en práctica un sistema de clasificación de los heridos según tres grados de gravedad: heridos peligrosos, heridos menos peligrosos y heridos leves. Sus buenos resultados hizo que un joven general Napoleón Bonaparte se fijara en él llevándoselo en su campaña de Italia. En 1797 creó una unidad de ambulancias y puso en práctica su sistema de triaje, aunque debo decir que este sistema ya lo realizaba también otro médico francés, Pierre-François Percy, durante la batalla napoleónica contra Egipto y Siria, aunque en este caso priorizaba la atención a los soldados enfermos y heridos para que volvieran al campo de batalla.

Dominique Jean Larrey insistía en atender a todos los heridos que encontraba en el campo de batalla sin importar si eran o no enemigos, proceder que le salvaría la vida durante la batalla de Waterloo, al ser apresado por el bando contrario y condenado a muerte, concediéndole el perdón el mariscal Blücher al reconocerle, por haber salvado a su hijo en una batalla tiempo atrás.

En 1798, durante la expedición de Bonaparte a Egipto, organizó tres unidades cada una de las cuales con dieciséis ambulancias tiradas por mulos o camellos, quince cirujanos y decenas de auxiliares. Participó en más de sesenta batallas en las veinticinco campañas militares de Egipto, Italia, Alemania, Rusia y Waterloo, hasta 1815. Después se dedicó a la enseñanza y al cuidado de los soldados alojados en el Hospital de la Guardia y en el Hôtel des Invalides, en París. Hay que decir que siempre pasó dificultades financieras hasta que fue recompensado por Napoleón con 100 000 francos en su testamento. Su último deseo fue ser enterrado junto a sus soldados en los jardines del Hôtel des Invalides, pero no se vio cumplido al ser sepultado en el cementerio Pére Lachaise. Hoy puede verse en su epitafio la frase que le dedicó Napoleón Bonaparte, una sencilla, pero sentida manera de honrar su vida y dedicación.

Los magníficos resultados de Larrey hicieron que su invento fuera copiado por la gran mayoría de ejércitos europeos, y en 1832 se comenzaron a utilizar ambulancias para la población civil durante el brote de cólera que asoló Londres. En la actualidad, los servicios de urgencias hospitalarios realizan un triaje de los enfermos para atenderlos antes o después según su gravedad, pero se tuvo que esperar hasta la década de los años sesenta del siglo pasado para que se realizara el triaje hospitalario, a raíz de que el norteamericano Richard Weinerman lo introdujera en el hospital de Baltimore, extendiéndose después al resto del mundo.

Información basada en Dominique Jean Larrey. Military surgery in the revolutionary France and the First Empire (Part I), por el dr. Lorenzo de la Garza Villaseñor

6 comentarios

  1. Estimado Francisco Javier muchas gracias por compartir cosas siempre interesantes de manera sencilla.Te mando un abrazo fuerte.

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