¿ Cómo dormían en la Edad Media?

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Monasterio de Sant Pere de Casserres – les Masies de Roda, en la comarca de Osona (España), en una península formada por un pronunciado meandro del río Ter. Imagen de Elmoianes

¿Alguien se ha preguntado alguna vez cómo dormía la gente en el Medievo? Y no me refiero tanto al tipo de cama o dónde reposaban, sino a las horas que empleaban para descansar por la noche. Se ha escrito y sabemos mucho de la vida, las guerras y las penurias que pasaron durante la Edad Media, pero no tanto del tema que abordaremos, así pues, os invito a leerlo y os reto a que no os durmáis durante su lectura 😉

Recientemente visité un monasterio que está a poco más de una hora de distancia en coche de Barcelona, el Monasterio benedictino de Sant Pere de Casserres. Situado en lo alto de una colina rodeada por un meandro del río Ter -desde el que se disfrutan de una vistas increíbles de la zona-, de él se cuenta la leyenda que en el año 1006, a los tres días de haber nacido el hijo de la vizcondesa Ermetruit de Osona dijo que nada más viviría 30 días y que, una vez muriese, su cuerpo fuera colocado sobre una mula dentro de un arca cerrada.  Allí donde parase se habría de edificar un monasterio bajo la advocación de San Pedro. En ese mismo lugar había un castillo fronterizo o quizá una torre atalaya, ya documentada en el siglo IX, desde donde se controlaba el camino hacia Francia. Fue allí donde se edificó el monasterio, y para ello, solicitó al conde de Barcelona Ramón Borrell que le cediera las tierras, comenzando las obras probablemente en torno al año 1053. En los años posteriores el monasterio fue adquiriendo tierras y propiedades a través de donaciones, adquiriendo cada vez más importancia y viviendo su máximo esplendor en el siglo XII, a partir del cual comenzaría su declive.

Si eras monje…

Las representaciones más antiguas que conocemos de un dormitorio monástico medieval hacen referencia a una sala única en la que se distribuían las camas en grupos, algo propio al concepto de dormir en comunidad. En una estancia del monasterio que visité se reproduce la sala dormitorio de mediados del siglo XI y en ella podemos ver la sencilla cama en la que dormían los monjes.

Representación de la sala dormitorio de mediados del siglo XI
El espacio para dormir de los monjes constaba de la cama y una sencilla arca donde el monje podía guardar el hábito y los pocos objetos de uso personal que tenía.

Bien, puesto ya el contexto, paso a explicaros el porqué del título.

San Benito nació a finales del siglo V y fue el autor de los principios fundacionales de los monasterios cristianos. Desarrolló y aplicó una serie de reglas que desde la abadía de Montecassino se fueron extendiendo al resto de monasterios y eran de obligado cumplimiento entre los monjes. Una de estas normas era la que hacía referencia a la distribución del día según los rezos. Así, encontramos maitines (medianoche), laudes (3:00), prima (6:00), tercia (9:00), sexta (12:00), nona (15:00), vísperas (18:00) y completas (21:00). Vamos, que dormir, dormir, dormían poco.

… y si no eras monje

No penséis que el resto de la población durante la Edad Media dormía de un tirón, sino que lo hacía en dos veces. A principios de los años 90 del siglo pasado, el historiador Roger Ekirch, mientras se documentaba para escribir un libro sobre la historia de la nocturnidad, encontró en la Oficina de Registro Público de Londres, donde se encontraban los Archivos Nacionales del Reino Unido desde 1838 hasta 2003, testimonios que hablaban de un «primer sueño». Su curiosidad le llevó a seguir investigando y encontró que en registros escritos, cartas, libros médicos, artículos e incluso en obras de teatro y en muchas obras de la literatura medieval hacían referencia a los «primeros sueños». Y si había un primer sueño, es que había un «segundo sueño», es decir, que lo habitual no era dormir de un tirón. Ekirch continuó con su investigación y descubrió que esta peculiaridad también se daba en otros continentes y en épocas distintas al Medievo, ya mucho antes, en la época del poema épico griego de La Odisea, atribuido al poeta griego Homero allá por el siglo VIII a. C. y en las obras de Plutarco, el historiador romano Tito Livio y el poeta romano Virgilio, encontramos referencias.

Otro aspecto a considerar era que en la Edad Media era normal dormir junto con otras personas, acurrucadas, con toda clase de pulgas y piojos pululando entre ellos. Si era una familia, las niñas generalmente dormían cerca de la pared, seguidas por la madre y el padre, luego los niños varones -ordenados por edad-, para después encontrar a los foráneos.

Entonces, ¿cómo dormían?

Antes no existían televisores, móviles, ordenadores… y tras la cena poco más podían hacer que hablar entre ellos tras una agotadora jornada de trabajo. Solían acostarse sobre las 21:00 h hasta las 23:00 h sobre un colchón relleno de paja o trapos, o sobre un brezo o directamente en el suelo (si tenías la suerte de ser monje podías dormir sobre una cama). Tras ese sueño inicial o «primer sueño», se despertaban de forma natural. Los que se levantaban iban a orinar o a realizar alguna tarea ordinaria como echar leña al fuego. Los que permanecían en la cama aprovechaban para charlar o pensar, y los cónyuges, que habían quitado el cansancio del día en ese par de horas, aprovechaban para mantener relaciones sexuales. A ese período de vigilia se conocía como «el reloj» que, como hemos visto antes en los monasterios lo aprovechaban para rezar.

Habitualmente, transcurridas un par de horas regresaban a la cama para conciliar el sueño «mañanero», que podía durar hasta más tarde del amanecer.

La Revolución Industrial lo cambió todo, también nuestro sueño

Me refiero al patrón del sueño, por supuesto. Dormir en distintos tiempos no es algo que nos ocurra solo a los humanos, sino que hay muchas especies que descansan en dos o más tramos separados, y encontramos entre los lémures de Madagascar, los animales con el patrón de sueño más similar a los humanos antes de la era industrial.

En la segunda mitad del siglo XVIII, con los inicios de la Revolución Industrial, nuestro patrón del sueño también cambió, y hoy en día, ya no son los chinches y las pulgas las que nos despiertan, sino que los ruidos, los relojes, los móviles y muchos otros diabólicos artilugios han sustituido el silencio de aquellos tiempos, pensad también que la iluminación artificial hizo que nos quedáramos despiertos hasta más tarde, alargando el primer sueño y acortando el segundo.

Hoy todos hemos oído hablar de la melatonina, una hormona de nuestro cuerpo segregada por el cerebro que juega un importante papel en el sueño. Su producción está relacionada con la hora del día, aumentando cuando está oscuro y disminuyendo cuando hay luz, por cierto, la melatonina disminuye con la edad y es uno de los motivos por el que cuando más mayores nos hacemos menos dormimos, pues se sabe que estas distintas fases del sueño alteran biológicamente nuestro cuerpo modificando la secreción de melatonina.

No sé qué pensáis de todo esto, pero en la actualidad puede que durmamos mejor sobre colchones más suaves y cómodos que en la Edad Media, pero los trastornos del sueño y el insomnio se están extendiendo como una verdadera plaga…

Para saber más:

Monasterio de Sant Pere de Casserres

Información basada en el artículo de la BBC La olvidada costumbre medieval de ‘dos ​​sueños’

4 comentarios

  1. Espectacular el monasterio y su entorno.
    En cuanto a la forma de dormir… casi que prefiero los inconvenientes y los ruidos de hoy 🙂
    Ahora hemos pasado el «primer sueño» a la media horita de duermevela de después de comer.
    Un Saludo!

    1. Hola bisílaba,
      soy de los que opinan que, aunque más cómodos, ahora dormimos mucho peor. El que no se tiene que poner tapones en los oídos, se medica para relajarse y poder coger el sueño. Cosas del «progreso».
      Saludos

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