Galileo, el mensajero de las estrellas: su ceguera (II)

Galileo

Galileo Galilei mostrando al Dogo de Venecia cómo usar su telescopio. Fresco de Giuseppe Bertini (1825–1898). Sala Bertini, Villa Andrea Ponti.

Continuando con el post anterior nos centraremos ahora en una cuestión menos tratada y conocida de Galileo: sus enfermedades y concretamente su afección ocular, que según apuntan algunos pudo influir en sus observaciones astronómicas.

“(…) tenía una grave artritis desde los 30 años, y a esto se unía una irritación constante y casi insoportable en los párpados (…) otros achaques que trae consigo una edad tan avanzada, sobre todo cuando se ha consumido en el mucho estudio y vigilia”.

Así explica uno de sus discípulos, Vincenzo Viviani, que pasó los tres últimos años de su vida junto a él, colaborando,  aprendiendo y ayudando al genio.

Tito_Lessi_-_Galileo_and_Viviani

Galileo e Viviani

Galileo vivió recluido en su casa tras ser condenado por defender la teoría heliocéntrica de Copérnico (aconsejo que leáis el artículo anterior). Vivani, Dino Peri, Torricelli… eran algunos de los discípulos que le acompañaron en sus últimos años.

Según cuenta Viviani: Galileo siguió trabajando hasta que unas fiebres le consumieron lentamente durante sus dos últimos meses de vida, para morir el 8 de enero de 1642, de madrugada, con “firmeza filosófica y cristiana”. Contaba con setenta y siete años de edad.

El último libro que escribió fue Discursos sobre dos nuevas ciencias justo antes de perder la vista del ojo derecho, el 4 de julio de 1637. En los meses siguientes empeora la visión del izquierdo hasta que seis meses después, el 2 de enero de 1638, queda totalmente ciego. Pero sus problemas oculares aparecieron mucho antes, planteándose múltiples hipótesis sobre la causa de esta ceguera. Un debate entre especialistas que en la actualidad sigue abierto reclamando por parte de algunos el estudio de su DNA para descartar una causa genética.

La única referencia que se tiene de patología ocular durante su juventud es la infección que padeció mientras estudiaba en el convento de Villambroso  (una de las excusas que le sirvieron a su padre para sacarle de allí). Pudo ser una simple conjuntivitis sin más repercusiones, o bien de origen herpético, que podría justificar recidivas y posteriores complicaciones en su vida adulta.

Podríamos pensar que el motivo de su afección ocular fue causada por la prolongada exposición durante sus observaciones de las manchas solares, pero esto queda descartado porque, si así fuera, el daño hubiera sido más precoz, casi inmediato, y sabemos que conservó su vista muchos años después.

Otra hipótesis que se contempla es que padeciera una enfermedad reumatológica, quizás secundaria a una enfermedad infecciosa. Unos la justifican diciendo que Galileo sufrió problemas intestinales y dolores articulares durante toda su vida pudiendo padecer una uveítis (inflamación de la úvea, la capa media del ojo que aporta la mayor parte del flujo sanguíneo a la retina) que se complicaría posteriormente con un glaucoma (aumento de la presión intraocular). Otros rechazan esta teoría refiriendo que si esto fuera cierto también habría perdido la vista mucho antes.

Un oftalmólogo italiano, Pietro Gradenigo, determinó en el siglo XIX (podéis comprobar que viene de lejos el debate de sus lesiones oculares) que la causa de su ceguera la determinó un glaucoma. Se apoyó al tenerse constancia de que Galileo, a los 52 años, sufrió por primera vez un síntoma característico del mismo: la visión de halos en torno a la luz de una vela.

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Retrato de Galileo, Ottavio Leoni (1578-1630). Museo del Louvre.

Otros dicen que pudo sufrir una ambliopía del ojo izquierdo basándose en el retrato de Ottavio Leoni que le representó cuando tenía 60 años con la ceja derecha sobreelevada, desplazando el ojo hacia abajo y a la derecha, quizás secundario a un proceso quístico del seno frontal. Pero esto tampoco afectaría a su visión.

Lo más probable es que Galileo sufriera durante toda su vida conjuntivitis e inflamaciones leves oculares, pero no llegarían a afectarle su agudeza visual.

catarata ojo

Catarata.

Todo lo anterior son quizás teorías que no acaban de dar una respuesta.

Será la propuesta del cirujano Giovanni Trullio la que mejor puede explicar su ceguera al diagnosticarle un “suffusio” que obstruía la pupila, es decir, una catarata cuya sintomatología podría ser compatible con lo que describe el propio Galileo:

“(…) me estoy quedando ciego como una nube muy densa que se ha formado en los pasados meses; primero en el ojo derecho  luego en el izquierdo”.

Independientemente de que sufriera problemas oculares durante su vida, el hecho de que perdiera la visión a edad avanzada justifica las cataratas, aunque siempre quedará la posibilidad de que sufriera también una degeneración macular a consecuencia tanto por la edad como por la exposición solar debido a sus trabajos astronómicos.

No quiero acabar este post sin agradecer a la Dra. Almudena Asorey y a sus colaboradores de la Unidad de Neurooftalmología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, su magnífico artículo “La ceguera de Galileo Galilei” publicado en archivos de la sociedad española de Oftalmología (Elsevier Doyma,2013), fuente principal para este artículo.

Para saber más:

El Proyecto Galileo

Manchas solares y Galileo

Link foto:

Rakesh Ahuja

22 comentarios en “Galileo, el mensajero de las estrellas: su ceguera (II)

  1. En aquellos tiempos, por desgracia, no habían tantos adelantos como ahora, ya que las cataratas pueden ser operadas y el glaucoma, en sus principios pueden ser tratados con gotas para parar su adelanto, ésta no puede ser operada, pero si cuidada. Mi padre la tenía y a pesar de que fue a la clínica Barraquer, hace unos 30 años no se podía hacer nada, así que perdió un 95% de la visión.
    Muy buendocumentación la que nos aportas amigo Francisco, abrazos.

    • Hola Rosa,
      un aspecto de Galileo que quizás no está tan tratado como otros. En cuanto a las cataratas… tengo preparado un post sobre sus intentos de curación a través de la Historia que colgaré más adelante. ¿Sabías que hace 4.000 años ya se intentaba su cirugía?
      Abrazos

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Dice un médico internista amigo que cuando uno llega a una edad avanzada -y Galileo para su tiempo era muy “viejo”- se muere porque ya le toca pues no somos eternos, y la causa puede tener todos los orígenes posibles, todos los nombres posibles: corazón, cáncer, derrame cerebral, etc.
    Desde el punto de vista de la investigación médica sobre la ceguera de Galileo quedan en hipótesis ¿imposibles? de resolver. Pero creo que lo que realmente importa de Galileo es el legado que su inteligencia nos ha dejado.

    Muchas gracias, como siempre, Javier, por esta interesantísima entrada.
    Un abrazo.

    • Hola Isabel,
      cuánta razón tiene tu amigo internista. ¿Te has parado a pensar qué pasaría si fuéramos eternos? De entrada no deberíamos tener descendencia porque todos no cabemos en la Tierra. ¡Ja, ja, ja!
      Abrazos

  4. Un artículo muy cuidado Francisco, en la actualidad Galileo hubiese tenido solución a sus cataratas, pero tenía ” Pasión y Fé” en sus trabajos, muy bien expresado a través de la ” Firmeza filosófica y cristiana”. Preciosos cuadros y lo que más me ha gustado: ” la luz de una vela” para iluminar nuestro Conocimiento. Gracias por tan interesante artículo y Saludos Luminosos.

  5. ” La bella busca en las figuras falsas de la luz, claridades puras.” Ramón María del Valle Inclán.

    ” La luz lo dibuja todo, sin ella no hay nada. El mismo objeto, depende de con qué luz, lo puedes ver feo, tenebroso, dramático, alegre, humorístico… La luz habla, va contando la historia con su recorrido y con sus sombras y formas. Ésa es la luz que ven mis ojos, pero es reflejo de una luz más importante que es la luz interior. Ouka Leele.

    • Hola Teresa,
      lo más sorprendente y que marcó la diferencia con otros científicos de su época fue que esa “pasión y Fe” que ponía en sus hallazgos los confirmaba con sus experimentos. Nadie pudo rebatirselos.
      Otro gran saludo, solar también en esta ocasión y gracias por tus comentarios.

  6. Francisco Javier, como siempre,nos ilustras en temas del máximo interés.
    Por ejemplo, yo estaba equivocado totalmente con respecto a su ceguera, pues siempre pensé que la causa había sido unas catarata, tal vez de las que tardan más de lo común en acabar de formarse, como sucede a veces (a mi abuelo le sucedió). No tenía ni idea del encendido e interesante debate que hay al respecto.
    Lo que siempre me ha intrigado, es cómo pudo descubrir, y lo que es más intrigante, estudiar, las manchas solares.
    Por mucho que he buscado no he encontrado ninguna documentación al respecto.
    Elucubrando, se me ocurren dos soluciones: algún tipo de cristal ahumado (improbable), o por estudio del reflejo a través de un tubo en un cuarto oscuro.
    ¿Tienes algún dato al respecto?.
    Gracias de antemano.
    Un saludo.

    • Hola Luis,
      mucho no sabría decirte… Lo que sí que encontré al documentarme para el artículo era que realizaba sus observaciones solares cuando la luz del día ya caía y que tomaba sus “precauciones”, ¿cuáles? No sé. Es curioso que ya entonces fuera tan precavido.

      Saludos y esperemos que alguien pueda decirnos algo más al respecto.

      • Hola Luis,
        por lo que yo pude averiguar, Galileo estudiaba el Sol por el método de proyección, es decir, observando una imagen proyectada del Sol en una superficie clara dentro de un cuarto oscuro, como tú dices.

        Mi enhorabuena a Francisco Javier por los artículos sobre Galileo, y el blog en general.

        Un saludo

  7. Su mirar se vencía, ya no era el mismo mirar. Mirar mientras pensaba, siguiendo los mismos pasos. Otra realidad queriendo seguir los mismos pasos, cortos, cambiando el modo inicial de caminar. Su universo tomaba otro sentido, obligado por su ceguera. Fallar mirando, sin poder ver. Horror, la vida se le hacía verdadera. El misterio brotaba, real, inocente, des-comprendido sin poder comprender, conscientemente. ¿ Cómo se cerró su mirar dejando invisible su estructura corporal, visible, ciego ? Sus ojos de apagaron. Después, lo que veía de las cosas eran otras. Perdió lo esencial al perder su mirada, ya no sabía ver, sin pensar. ¿ De qué llevaba vestida su alma ? Se le borraron las formas de las cosas de como las vio por primera vez, como se las descubrió y se las contaron las estrellas. Perdió la filosofía de la certeza. ¿ Hasta dónde llegó su verdad si le decían que eran mentiras ? Todo lo cierto se volvió incierto. Llegó la primavera, él ya no existía. Gracias, FJ, por traer la ceguera de Galileo. Un abrazo, repetido y real.

    • Hola marimbeta,
      y esas estrellas que descubría le dijeron mucho sin decir una palabra. Galileo fue el primero en escucharlas aunque siempre habían estado allí, en lo alto, brillantes y no ocultas, visibles para todos aunque nadie se dio cuenta de su presencia.
      Otro abrazo, siempre aportas mucho en tus escritos. 😉

  8. Quizás lo mejor de Galileo es lo que nos dejó, FJ. Impensable que hoy salgan figuras ten relevantes … quizás sea porque ya todos somos muy … “Galileos” y no sabemos de nada.
    Feliz SS.

  9. Gracias amigo Francisco. He disfrutado aprendiendo con esa amenidad de la que dotas a todos tus artículos. Ha sido un tiempo bien empleado y muy satisfactorio.
    Otra vez: ¡Gracias!

  10. Pingback: Las cataratas “el manantial de agua de los ojos” | franciscojaviertostado.com

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