Las “mujeres públicas” de Valencia: el mayor prostíbulo de Europa en la Edad Media

En la ciudad de Valencia encontramos la Lonja (Llotja) de la Seda, uno de los edificios más bellos que conozco en gótico tardío. Su construcción data de finales del siglo XV, y se la conoce con el apellido de “la Seda” por ser uno de los gremios más importantes que operaban en ella. En mi última visita, hace un par de años, me fijé en una de sus sorprendentes gárgolas, un hombre masturbándose con el propio edificio, pero era algo más…

En la misma fachada encontramos otra muy sugerente, una mujer tocándose lujuriosamente sus partes más íntimas , así como otra en la catedral de la ciudad, en este caso tocándose los pechos. En la Valencia de los Borgia, la lujuria y la prostitución estaban a la orden del día, de hecho, estas gárgolas señalan hacia las calles donde se ejercía.

Gárgola en la Catedral de Valencia

La prostitución un “mal necesario”

En la Edad Media si un hombre practicaba el adulterio, se decía que había caído en el amancebamiento, sin embargo, si era la mujer, esta era adúltera. Entre el clero, aunque no exclusivo de ellos, encontramos la barraganía, algo así como un contrato de compañía entre un soltero con una mujer soltera que debía ser fiel al mismo. El castigo por el pecado carnal queda recogido en libros como el  “Item de fornicationes”, de Burcardo de Worms (965-1025)

¿Has fornicado con un hombre contra las caderas, como hacen ciertos hombres, es decir, has situado el miembro viril entre las caderas de otro, y por tanto producido semen? Si lo has hecho, haz cuarenta días de penitencia con pan y agua.

Pero la prostitución, aunque pecaminosa y mal vista por la Iglesia, se consideraba necesaria e imprescindible para la sociedad. Incluso San Agustín dice “si se expulsa la prostitución de la sociedad, se trastorna todo a causa de las pasiones”.

Las autoridades la aceptaban por su utilidad pública al “controlar los impulsos de los jóvenes y evitar la deshonra de las mujeres puras”, y a mediados del siglo XIV  se legalizaría en algunas ciudades permitiendo abrirse prostíbulos, así, se diferenciaría de la prostitución clandestina e ilegal practicada en la calle, esta perseguida y castigada con una sanción económica o física, con azotes.

La mancebía de Valencia

Muchas ciudades abrirían prostíbulos como en Sevilla (1337), Murcia (1444) y Barcelona (1448), habitualmente extramuros de las ciudades.

En aquella época, tras la Granada nazarí, Valencia era la segunda ciudad más grande de la Península Ibérica, formaba parte del Reino de Aragón y su poder se expandió por el Mediterráneo.

El rey Jaime II “el Justo” prohibiría ejercer en las calles de Valencia en 1321 y mandó construir al noroeste de la ciudad, en el barrio conocido como “La Pobla de Bernat de Villa”, fuera de las murallas de la ciudad, un burdel para las prostitutas. Tras la ampliación del recinto de la ciudad en 1356, terminó por localizarse intramuros. Se organizó en varias calles alrededor de hostales y casas que se anunciaban con flores, arbustos aromáticos y farolillos de colores adornando sus fachadas. En su máximo apogeo se contaron unos 15 hostales y entre 200 y 300 mujeres, esta última cifra algo exagerada según las fuentes que se consulten.

Abierto durante casi todo el año, las prostitutas trabajaban durante buena parte del día, especialmente durante el atardecer cuando la afluencia de clientes era mayor al finalizar la jornada laboral. Muchas eran conocidas por su lugar de procedencia “la de Murcia”, “la aragonesa”…, pero todas debían tener una licencia expedida por la Justicia Criminal y ser mayor de 20 años. Todas, sin excepción, debían cumplir una norma: las cristianas solo podían tener clientes cristianos; las judías, clientes judíos y las musulmanas, clientes musulmanes.

Antes de la misa de los domingos y durante las fiestas religiosas se prohibía la prostitución. En Semana Santa, para asegurarse que se cumpliera la norma, las autoridades las recluían en el Convento de las Arrepentidas de San Gregorio donde se les daban charlas religiosas que buscaban que abandonaran su trabajo. En algunos casos, se les buscaba un marido y se les aseguraba una dote si pasaban por el altar, dinero proveniente de las arcas públicas.

Dirigidas por un Regente, este también controlaba que no se introdujeran armas en el lugar. Ya sea por el riguroso control médico a que eran sometidas -un médico las visitaba cada ocho días y se recomendaba que no estuvieran con más de tres hombres al día- o por el control del orden público ejercido, la mancebía triunfó. Las prostitutas cobraban el doble que las de otras ciudades y algunas hicieron fortuna, envidia de algunas damas de la alta sociedad.  Sin embargo, su vida no resultaba nada fácil. Mientras que la esperanza de vida en la Edad Media era de treinta y cinco años, pocas llegaban a esa edad.

La clausura del negocio

A partir del siglo XVI comenzaría su decadencia, y en 1651, el Arzobispo de la ciudad, Fray Pedro de Urbina, ordenó que estas mujeres pasaran a servir en las casas y abandonaran su trabajo. Su amenaza tardó en cumplirse hasta que, veinte años después, con el reinado de Carlos II, las últimas siete mujeres que seguían ejerciendo la prostitución fueron enviadas a la casa de las repenides, en el convento de San Gregorio (actual Teatro Olympia).

Como ya sabréis, la prostitución siguió practicándose de manera ilegal, en las calles, sin control de ningún tipo, y como consecuencia de ello, comenzarían a aumentar las enfermedades venéreas. Curiosamente, se sabe que las enfermedades de transmisión sexual en la ciudad de Valencia disminuyeron ostensiblemente en el tiempo que la prostitución estuvo regulada.

Un audio:

rtve.es Valencia el mayor prostíbulo medieval de Europa

Links fotos:

elrincondesele.com; viuvalencia.com

7 Comentarios

  1. Excelente artículo F.J. Sabía que habíamos tenido el mercado de esclavos más grande del mediterráneo pero eso no. Un saludo

    1. Hola Juan,
      pues ya ves, Valencia por tener, hasta en eso destacó. Debo reconocer que es una ciudad que cada vez que la visito, más me cautiva. Su historia, su cultura, su gastronomía… Todo en ella enamora.
      Saludos

  2. El asunto de la prostitución es un asunto de hipocrecía de la sociedad y el gobierno. Por ejemplo, mi madre era enfermera en una unidad de enfermedades de transmisión sexual. Se trataba todo con secreto, se le daba a las mujeres una certificación de que estaban “limpias”, todo esto operado por el gobierno. No juzgo a las mujeres que se dedican a esta, la llamada “profesión más antigua”. Excelente entrada, como siempre. Saludos.

    1. Hola Melbag,
      coincido contigo. Muchos de los que condenan la prostitución, la utilizan. Es un tema lo suficientemente importante como para abordarlo desde todos los puntos de vista y los gobiernos deberían involucrarse seriamente en hacerlo.
      Saludos

  3. Tuve la suerte de que me pasaran en el FB un enlace de la página de la Sociedad Filatelica de Puerto Rico con una información de lo más interesante y que aquí dejo por si es del interés de alguno de vosotros (transcribo)

    “Estas estampillas de ingresos, similares a la inspección de ganado, se requerían para prostitutas en el municipio de Rosario, Argentina. Fueron inspeccionadas y los sellos cancelados de acuerdo a su estado de salud. Presumiblemente, los clientes podrían solicitar su tipo de licencia mensual. Como parte de un programa para controlar la propagación de enfermedades venéreas, la ciudad de Rosario, en la provincia argentina de Santa Fe, emitió estas estampillas de ingresos (Sanitarios) para pagar la tarifa de los exámenes obligatorios dos veces por semana de las prostitutas registradas. Cada prostituta recibió un folleto en el que se registraron los resultados del examen. La prostituta (o la señora) tuvo que comprar Sanitarios para pagar los exámenes. El sello se colocó en el folleto y se agregaron varias marcas en el momento del examen. Hubo cuatro resultados posibles: SANA (saludable), CON REGLA (menstruación), ENFERMA (enfermo) y OBSERVACIÓN (bajo observación)”.

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