¿Destruir o no destruir la Torre de Pisa? La decisión más difícil de Leon Weckstein

Leon Weckstein en 1944 cerca del Ponte Vecchio Bridge en Florencia.

Tras el reciente incendio en Notre Dame, salvada en parte por la rápida actuación de valerosos bomberos, recordé un episodio acontecido durante la Segunda Guerra Mundial en el que la decisión de un heroico joven sargento de tan solo 22 años salvó uno de los monumentos históricos más relevantes de la humanidad, la Torre de Pisa.

La Torre de Pisa

Su construcción se inició a principios del siglo XII, como campanario de la catedral de la ciudad en el Piazza dei Miracoli, y desde entonces comenzó a inclinarse hacia el norte a una velocidad de 1,1mm/año. Con los siglos hubo intentos de frenar y corregir la desviación de su eje, como la del arquitecto Tommaso Pisano en el siglo XIV que situó en el lado sur seis escalones entre el séptimo y el octavo piso y solo cuatro en el norte, pese a ello se inclinó 1,63 m. Debido a la inestabilidad del terreno en 1838 se hunde casi 3 metros por el agua subterránea. Un siglo después, Benito Mussolini ordenó vertir cemento en sus cimientos, algo que resultó ineficaz y acentuó su hundimiento, por cierto… ¡menos mal que nadie se tomó en serio el mal consejo de Donald Trump de cómo apagar el fuego de Notre Dame con aviones cisterna! La actuación de los expertos entre 2001 y 2012 consiguió enderezarla 38 cm. hacia el norte, permaneciendo en la actualidad menos inclinada que nunca.

Una difícil (pero afortunada) decisión

El contexto nos sitúa en la batalla que libraron los aliados para recuperar la ciudad de Pisa, preliminar de otras mucho más sangrientas por hacerse con el control de la región. Su protagonista, el sargento Leon Weckstein, un joven pero experimentado soldado habilidoso a la hora de distinguir enemigos ocultos en la distancia.

Las semanas previas muchos soldados aliados bañaron con su sangre las colinas de la Toscana. Las minas ocultas en el terreno y las ametralladoras de los francotiradores alemanes hacían fracasar cualquier intento de atravesar el terreno. Por si fueran pocas las dificultades se sumó una nueva división de paracaídas alemanes y un arma cuyo ruido sobrecogía a los aliados, una batería artillera conocida como “Screaming Meemie” que lanzaba proyectiles de mortero y móviles de 88 milímetros. Era lo más parecido a estar en el infierno.

Para revertir esta situación los comandantes al mando, presionados para dar fin a esta matanza, ordenaron destruir todas las torres de Pisa por ser puntos claves de vigilancia, además de lugares idóneos como puntos de tiro. El 22 de julio de 1944 el mando americano sabía que la controvertida decisión incluía al histórico monumento, apodado entonces como el “tiltin´Hilton” -el Hilton inclinado-, así pues, antes de demolerlo tenían que estar seguros de que servía como puesto de vigilancia de los nazis y para confirmarlo pensaron en el Sargento de Inteligencia y Reconocimiento, Leon Weckstein, del 1er batallón, 363 regimiento de infantería, 91 división, cuya labor en este campo era bien conocida por anteriores operaciones junto con partisanos italianos.

El teniente coronel Woods le hizo llamar a su tienda para comunicarle su nueva arriesgada misión.

 El general Livesay quiere que usted y un hombre con la radio vayan antes del amanecer lo más cerca posible de la Torre de Pisa. Es muy probable que los alemanes lo hayan estado utilizando para un puesto de observación y si es así debe eliminarse (…) Sargento, si ve algo que parezca sospechoso allá arriba, no vacile y comunique por radio diciendo… ¡FUEGO! La haremos explotar.

Leon Weckstein salió de la tienda de mando y comunicó al sargento King que debía acompañarle en una peligrosa misión. Cansados, sin poder dormir los días anteriores, a las cuatro y media de la mañana se pusieron en marcha manchando antes sus mejillas con barro para camuflarlos, King cogió su radio y Weckstein su telescopio.

Llegar a la torre resultaba toda una temeridad al alcance de muy pocos. Debían esquivar balas y fuego de artillería, arrastrarse por el terreno apartando docenas de cadáveres, sus compañeros abatidos y atravesar huertos con minas ocultas sin marcar. Leon Weckstein tenía que acercarse lo suficiente para poder cumplir su misión y a las diez de la mañana pudo divisar los 55 metros de altura de la Torre de Pisa. Se encontraban a setecientos metros de ella, pero resultó imposible acercarse más. Escondiéndose tras un tronco, quitó la tapa que protegía la lente de su telescopio, se limpió el sudor de las gafas, ajustó el ocular y se dispuso a observar cualquier movimiento en el interior de la torre. Mientras, su compañero comunicaba a los mandos en un breve mensaje que estaban en posición. Durante más de hora y media permanecieron inmóviles sin observar ningún movimiento. Pensó que por una parte no quería que sus ojos vieran a nadie dentro porque entonces se vería obligado a dar la orden de demolición del monumento, en cambio, observar alguna silueta amenazadora, lo podría justificar.

El sol calentaba de justicia y en su cantimplora quedaba poca agua, más caliente que fría. A la una de la tarde exclamó, ¡Mierda! Fueron vistos por los alemanes que comenzaron a disparar sobre sus cabezas. Debían salir de allí rápidamente si no querían ser abatidos. No tuvieron tiempo de confirmar que los disparos procedían de la torre, pero era más que evidente que así era. Leon Weckstein en décimas de segundo decidió no alertar a sus superiores, algo que por otra parte hubiera significado la inmediata destrucción de la torre, pero también les hubiera ayudado a salir de esa terrible situación. Para protegerse corrieron por un terreno inexplorado arriesgándose a pisar una de las minas del suelo hasta ponerse a salvo. Una semana después la ciudad de Pisa volvió a recuperarse y la Torre de Pisa permaneció intacta.

Finalizada la guerra Leon Weckstein fue recomendado a la Medalla del Mérito y la Estrella de Bronce, por esta y otras valerosas actuaciones. Desde 1987 el conjunto de la plaza Duomo es considerada Patrimonio de la Humanidad y su Torre puede seguir siendo admirada por millones de personas cada año.

Para saber más y link foto:

Leonweckstein.com

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