Francisco Franco, el médico

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Secuencia de la serie «La Peste» – Julio Vergne

Hubo, hay y habrán muchos que se llamen Francisco Franco y no son dictadores. Merece la pena recordar a uno de ellos, un médico valenciano del siglo XVI cuyas obras tuvieron su impacto en la prevención de las temidas epidemias que asolaban a la población.

En el año 2017 se estrenó la serie ambientada en Sevilla «La Peste» en la que se recrean barrios enteros de la ciudad hispalense del siglo XVI. Lejos del concepto de ciudad moderna y esplendorosa podemos ver en ella la difícil realidad que vivieron sus gentes entre suciedad, hambre y el miedo a contraer alguna de las temidas epidemias como la peste que sufrió la ciudad desde 1350 en oleadas que se sucedían cada diez o quince años. Puede que las más devastadoras fueran las ocurridas en 1507 y 1599 -esta última duró tres años- pero las crónicas aún recuerdan la sucedida en 1649, la de mayor impacto y más terrible que representó la decadencia de la ciudad.

Sus recomendaciones para luchar contra las «pestilencias»

En un tiempo donde los hospitales lo único que hacían era recoger a niños huérfanos, viejos y mujeres sin dote, además de prohibir atender a los enfermos contagiosos, cuando ocurría un episodio de «pestilencia» -que era el nombre con el que se referían a las distintas enfermedades contagiosas- algunos médicos, temerosos, huían de la ciudad. La población solo podía hacer una cosa para que la muerte no les alcanzara: rezar.

Francisco Franco nació en Játiva (Valencia) en 1515 en una familia judeo-conversa. Se trasladó a la Universidad de Alcalá donde se licenció en Medicina en 1543. Ese mismo año ayudó a combatir una epidemia de peste que afectó a la Corte y a los pueblos de alrededor y le encargaron que inspeccionara la residencia de los Reyes para dictaminar si reunía las condiciones necesarias para que se trasladaran sin peligro. Entre las recomendaciones que dio destacó la recomendación de secar las lagunas pantanosas que había en la ciudad para evitar ciertas algunas pestilencias provocadas por aguas estancadas.

Posteriormente el monarca de Portugal Juan III le ofreció una cátedra en la Universidad de Coímbra y allí ejerció como profesor de Botánica Médica, además de ser nombrado médico de cámara, cargo que dejaría tras seis años de estar allí para recorrer Europa y regresar a España en 1560 estableciéndose en Sevilla donde se hizo cargo de la cátedra de Prima de su universidad.

Un nuevo brote de peste asoló la cercana ciudad de Utrera y le enviaron para que valorara la gravedad de la misma. La experiencia acumulada le llevó a escribir su obra Libro de enfermedades contagiosas y de la preservacion dellas (1569) escrito en castellano y no en latín como era costumbre, dirigido así a todo el mundo. Puede que algunas de sus recomendaciones parezcan poco interesantes a día de hoy, pero en el libro menciona a los grandes clásicos, en ocasiones para cuestionarlos, y muestra los conocimientos médicos que se tenían en aquél siglo.

En sus 58 capítulos y 80 folios trata de las causas, el pronóstico y la curación de no solo la peste, sino de las pestilencias en general. Recomienda quemar no solo la ropa, sino todos los enseres que han pertenecido a los enfermos y como medida más eficaz exhorta a huir del lugar donde irrumpía la peste. Consideraba importante tener buena alimentación para fortalecer el cuerpo, no solo como medida preventiva, sino para ayudar a curarla una vez enfermo. Se muestra contrario a la sangría en estas enfermedades y plantea la administración de medicamentos para hacerles frente «contra venenos y pestilencias»: los alexifármacos, que atraen el veneno cuando se aplican desde el exterior produciendo vómitos, sudores o diarreas; y las alexiterias, útiles para mordeduras de animales. Para poder abastecerse de estas plantas medicinales solicitó la creación de un jardín botánico en Sevilla a semejanza del ya existente en Aranjuez.

Portada del “Libro de enfermedades contagiosas y de la preseruación dellas” de Francisco Franco (Sevilla, 1569).

¿Enfriar o no enfriar las bebidas?

Durante siglos los médicos debatieron sobre la conveniencia de enfriar o no las bebidas con nieve, algo que en algunas ciudades como Sevilla y con el calor riguroso del verano, se agradecía. Algunos pensaban que lejos de ser beneficioso podía perjudicar a la persona y hacerla enfermar. Francisco Franco dejó su opinión al respecto en su Tratado de la nieve y del uso della (1569), el primer tratado europeo sobre el tema donde dejó constancia no solo de que no era perjudicial, sino necesaria y recomendaba su enfriamiento prohibiéndolo solo a los ancianos, a los menores de catorce años y a los que presentaban tos. Para conseguir enfriar la bebida ponía en un vaso la cantidad de líquido que se quería beber cubriendo con una tapadera de plata sobre la que se depositaba la nieve.

Francisco Franco dejó dos obras que tuvieron su impacto en la medicina de la época. Las ilustró con sus conocimientos y su propia experiencia, cuestionando en ocasiones los datos de los autores clásicos, es por eso que merece ser recordado.

4 comentarios

    1. Hola libreoyente,
      podría ser que sí, pero si nos paramos a pensar más profundamente hay cosas que en lugar de mejorar las hemos empeorado y con creces… ¡Así de estúpidos somos los humanos!
      Saludos

  1. Me encantó conocer la historia de un médico español “Infectologo” podríamos decir, y como diría el sanitarista argentino
    “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”, todo es cuestión de decisión politica

    1. Hola Romina,
      lastimosamente las decisiones políticas (erróneas muchas de ellas) hoy en día impregnan gran parte de las desgracias que nos azotan. Por otra parte, los microbios son, junto con la codicia del hombre, los grandes motores de la Historia.
      Un saludo

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