El culturista Santiago Ramón y Cajal

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Placa fotográfica de Ramón y Cajal (derecha) jugando con un amigo. Legado CAJAL

Fue el científico más grande que ha tenido España, a la altura de Galileo, Newton y Einstein. Citado tanto o más que cualquiera de ellos, defendió hasta el final sus ideas y descubrimientos. De joven fue mal estudiante, pero para fortuna de la ciencia su obsesión por el culturismo le acercó a la medicina. Estoy hablando del profesor Santiago Ramón y Cajal.

Santiago antes de ser Ramón y Cajal

Ramón y Cajal con alrededor de un año de edad. Colgado al cuello lleva un

«mordedor», precedente del chupete.

Nació en 1852 en Petilla de Aragón. Su madre era tejedora, y su padre ejerció de médico de pueblo. Quiso que siguiera sus pasos en la profesión, pero lo cierto es que Santiago no lo tenía entre sus planes de futuro. Se crió entre labradores y lo único que le interesaba era la Naturaleza y la pintura. Dibujaba a escondidas de su padre y de pequeño no hizo otra cosa que trepar por los árboles y brincar por los campos. En su biografía encontramos múltiples anécdotas que dan cuenta de su carácter y sus aficiones. Se metió en múltiples peleas y estuvo varias veces a punto de matarse como cuando trepó a un risco para ver los polluelos de un águila y después no encontraba la forma de bajar.

Mal estudiante, no mostraba el menor interés en aprender y su padre, cansado de sus travesuras y su conducta ante los estudios, decidió internarle en los Escolapios de Jaca. Comenzó a practicar culturismo y pasó horas en el gimnasio. Allí, lejos de mejorar en sus estudios, se pegó con un cura y la dirección del colegio decidió enviarle nuevamente a casa. Ante este nuevo fracaso escolar su padre le castiga y le pone a trabajar durante un año de herrero y zapatero. Después lo mandó a estudiar a la capital de provincia, Huesca, terminando el bachiller.

La gimnasia culturista le hizo mostrar un profundo interés por el conocimiento anatómico y fue entonces que decidió estudiar la carrera de Medicina, ingresando en la Facultad de Medicina en 1870. Allí realiza disecciones junto a su padre, una relación padre-hijo que cambiará a partir de entonces. Se licencia tres años después y se especializa en el estudio de los tejidos (histología).

Tras ser llamado a filas, terminó en la Guerra de Cuba como oficial médico con el grado de capitán, haciéndose cargo de más de 200 enfermos de paludismo hasta que él mismo sufra malaria debiendo regresar a España en 1875. Un año después obtiene el grado de Doctor gracias a las investigaciones sobre «inflamación y la circulación sanguínea», contrayendo matrimonio a escondidas de sus padres con la que sería su mujer y con la que tuvo cuatro hijos.

Don Ramón y Cajal, el científico

Si hubo un antes y un después en su vida ese fue el día que encontrándose en Madrid para realizar los exámenes de doctorado le enseñan una preparación histológica. Con el escaso salario que recibió como militar decidió comprar su primer microscopio, un Verick, que tampoco era de los mejores, pero del que supo sacarle todo el partido.

Obtuvo la cátedra en Valencia, Barcelona y finalmente en Madrid, donde permanecería durante treinta años enseñando a sus alumnos. Cuando daba clase, entraba y permanecía diez minutos en silencio para después decir que todos los que tenían que irse, ya se han ido. Lo cierto es que al profesor le gustaban los alumnos indisciplinados como lo fue él, pero también que fueran críticos.

En una ocasión, mientras el maestro dibujaba en la pizarra, algunos estudiantes jugaban a las cartas disimuladamente. Un día, uno de estos jóvenes se dedicó a pegar un papel de fumar en las alas de una mosca para que volase por la clase dando tumbos, pero el papelillo siempre se soltaba y terminaba en el suelo. Hasta que el profesor, dejó de hacerse el tonto y dijo: «A mí nunca se me caía».

Otro momento crucial en su carrera lo encontramos durante el último año que trabajó en Valencia. En una visita a Madrid para ser vocal en un tribunal de oposiciones a cátedra le presentaron al profesor Luis Simarro, un especialista en Neuropsiquiatría. Este le mostró una preparación al microscopio que Ramón y Cajal nunca vio antes. Se trataba de una preparación de tejido nervioso teñida con un innovador método que había inventado un italiano de nombre Camillo Golgi, que recibiría años después el Premio Nobel de Medicina y Fisiología junto con Santiago Ramón y Cajal. Con esta técnica se podía estudiar el tejido nervioso, ya que hasta entonces no se podía tintar y con el método de Golgi esto era posible al formarse depósitos opacos intracelulares de cromato argéntico, producto de la reacción entre el bicromato de potasio y el nitrato de plata (reacción negra) que permitían ver la morfología neuronal completa en tres dimensiones.

Técnica de tinción de Golgi donde puede verse teñida la dendrita y el axón

Aprovechaba al máximo las nuevas tecnologías de la época y se mantuvo al día de los grandes avances científicos, a pesar de ser autodidacta y trabajar de forma autodidacta. Curioso, tozudo y perfeccionista, cuestionaba todo. En aquellos tiempos se pensaba que las células nerviosas se comunicaban entre sí como una red continua a través de sus ramificaciones (teoría reticular), pero Ramón y Cajal dijo que las neuronas eran unidades independientes física, genérica y metabólicamente, y que en esta discontinuidad había un estímulo eléctrico que las comunicaba (con el tiempo se descubrió que se liberaban neurotransmisores). Poéticamente llamó a estas comunicaciones entre neuronas independientes «besos», y no fue hasta la llegada de la microscopía electrónica veinte años después de su muerte que se confirmó su teoría sobre la terminación de los axones en espacios sinápticos.

No solo hizo este descubrimiento, sino que también formuló la ley de la polarización iónica demostrando que cada senda nerviosa es una línea de tráfico de una sola dirección y predijo que estas conexiones se podían modelar, hablando por primera vez de un concepto importantísimo en neurología hoy en día como es el de la plasticidad del cerebro, por el que con el ejercicio mental podíamos mejorar las conexiones y hacernos más capaces e inteligentes.

Su estudio e investigación no se quedó solo en esto, sino que utilizando el método de Golgi clasificó los distintos tipos de neuronas, profundizó en el estudio de las redes neuronales sensoriales e investigó en profundidad la degeneración del sistema nervioso.

Santiago Ramón y Cajal entendió la importancia de participar en conferencias y congresos internacionales y fue pionero en impulsar que los jóvenes investigadores marcharan al extranjero para formarse y desarrollar su potencial.

Es considerado el fundador de la neurociencia moderna y puso a España en el mapa mundial de la ciencia y para terminar este pequeño homenaje a este grande de la ciencia me quedaría con la poética definición que hizo del cerebro como «la enigmática organización del órgano del alma» y de las neuronas como «las mariposas del alma». Y es que el profesor sentó cátedra.

Cajal. Un grito por la ciencia (Next Door Publishers), escrita por los investigadores José Ramón Alonso y Juan Andrés de Carlos

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3 comentarios

  1. Es un personaje que siempre me ha llamado la atención, aportar información que desconocía. Para quien quiera profundizar en la figura de Ramon y Cajal recomiendo la semblanza que de él escribió Ramon Carande en su «Galería de Raros»

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