¡Fuego, fuego! ¡Ayudadme a apagarlo!

Gran incendio de Roma del 18 de julio 64 d. C., óleo sobre lienzo de Hubert Robert (93 x 76 cm.). Le Havre , Francia.

Conocemos el nombre de uno de los primeros bomberos de la historia, Cyrenus Aeneas, Prefecto de la Antigua Roma y miembro del primer Cuerpo profesional de Bomberos creado en el siglo I d. C. por el emperador Augusto.

Desde el momento que el hombre de la prehistoria comprobó cómo el agua de la lluvia apagaba el fuego provocado por un rayo y a pesar de los infructuosos intentos de encontrar un sustituto al líquido elemento, la  humanidad se enfrentó -con mayor o menor éxito- a  los incendios. Se sabe que en el siglo V a. C. se utilizaron -aunque por poco tiempo- intestinos de animales a modo de manguera y estómagos de bueyes como recipiente para el agua, pero un siglo después, el griego alejandrino Ctesibius, inventó la siphona, y dos siglos más tarde, Herón, inventó otro mecanismo conocido como la “jeringa”, formada por dos pistones de bronce conectados a una sola salida y ajustados a una base de madera que permanecía sumergida en el agua, así se conseguía proyectar el agua con más presión. Estos ingenios son los antecesores de los actuales y fueron utilizados hasta bien entrado el siglo XII.

Sistema ideado por Herón.

Los incendios en Roma eran frecuentes pues en las construcciones de muchos de sus edificios se utilizaban materiales inflamables (madera, paja, telas…) que, junto al hecho de tener calles muy estrechas y estar densamente poblada, provocaba que los incendios se propagaran con suma facilidad. Esto hace imposible determinar el número de aldeas, pueblos y ciudades que fueron arrasados por el terrible fuego.

Julio César mandó organizar a Marco Licinio Craso (una de las personas más ricas de la ciudad gracias a la especulación inmobiliaria) que organizara a 600 esclavos (vigiles) que se encargarían de sofocarlos. Craso, ambicioso y cruel, creó también una brigada privada de “incendiarios” a su servicio que se encargaba de quemar las casas que quería adquirir y así obligar a su dueño a vendérsela a buen precio en el momento que ardía, no dando la orden a sus bomberos para que lo apagaran hasta que no consiguiera la compra.

Fragmento de una estatua ecuestre de Augusto. National Archaoelogical Museu en Atenas.

Tras el incendio del año 6 d. C., el emperador Augusto lo reestructuró con una organización semimilitar, con divisiones y subdivisiones encargadas de una demarcación determinada de la ciudad. Eran diez cohortes urbanas (Compañías de Bombero) y cada una disponía dos siphonas, picotas, mallas (cantones), escaleras (escalae), hachas (dolobrae), palas…

Sus rangos jerárquicos (de mayor a menor) eran: Prefecto (que también hacía de juez en casos de conflictos relacionados con los incendios), Sub-Prefecto, diez Tribunos, cien Centuriones, cien Vixillarii y el resto, bomberos que recibían un nombre según la función asignada: los aquarii, transportaban el agua en cadenas humanas; los siffonarii, arrojaban el agua al fuego con las bombas de mano (siphos) y los uncinarii, que se sujetaban a los techos y paredes en llamas ayudados por unas lanzas con ganchos. En total lo componían 10.000 libertos o ciudadanos que recibían un salario y una pensión al retirarse, tras 26 años de servicio.

Otros emperadores como Trajano preferían tener máquinas para que los propios dueños las utilizaran en caso de necesidad antes que mantener este grupo de bomberos voluntarios. Desconocemos si durante los siglos III al X siguieron funcionando (seguro que no con la eficacia de antes) pero sin duda debemos considerar a ese Cuerpo de Bomberos de Julio César, como el precursor, y al del emperador Augusto, el primero profesionalizado.

Links información:

Bomberos del mundo-FB; Bomberosperu

Links fotos:

Hubert Robert- Wikimedia; Ricardo André Frantz

26 comentarios en “¡Fuego, fuego! ¡Ayudadme a apagarlo!

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Lo que no sabemos es si por entonces harían calendarios como los de ahora esos bomberos… jejeje
    Lo que me parece alucinante, y confirma mi teoría de “condición humana” para explicar muchas de las malas actuaciones que hoy se dan, es lo de los incendiarios a pago para que vendieran sus casas baratas a cambio de no dejarlas quemarse. Pocos cambios ha habido desde entonces…
    ¡Buena entrada, Francisco Javier!

    Un abrazo

  3. Muy buena informacion, muchas gracias.Me sorprende grandemente la enorme organizacion romana. Esto viene a confirmar que hubieron muchas y muy adelantadas tecnologicamente, civilizaciones en nuestro planeta,y, nosotros, herederos de ella, hemos terminado de denostarla. Un saludo y gracias Maestro.

    • Hola azulilusion,
      debían estar bien organizados para poder administrar todo su vasto Imperio. Sin esta estratificación y estructura tanto en política, en la sociedad y en sus legiones, no hubieran pasado de la península Itálica.
      Saludos y buen finde. Estaría bien que algún bombero de profesión pudiera dejarnos su impresión, ¿no crees?

  4. Ni “flowers” de la amplia información que nos das… de nuevo me quito el sombrero (no llevo, pero queda muy bien). Abrazos… ah y lástima que no seas bombero… te llamaría más de una vez! jajajajajaja

  5. Gracias por la información, Francisco Javier. No se me había ocurrido indagar sobre el orígen de tan noble y esforzado cuerpo, con lo cual mis conocimientos al respecto son nulos. Ahora, gracias a tí, se ha despertado mi curiosidad, y tengo un punto de partida para comenzar a investigar.
    Gracias y un abrazo, como siempre.

  6. Si dos bomberos de la época se casaban con dos incendiarios bien pagados, sus hijos serían tan iguales que habría que ponerles lazos de colores para distinguirlos. Claro, todo eso causaría la impresión de toda una familia enlazada. Los incendios cambian el destino, lo vuelven breve y profundo. Que buen descubrimiento “La Jeringa”; sus dos pistones aumentaban la presión del agua, tan necesaria para calmar el ímpetu de las llamas, devoradoras. Al principio, los intestinos fueron la gran solución, por la facilidad permitida al fluir el agua. El estómago, de rumiantes, daba capacidad para almacenar agua en cuatro compartimientos. El correr del tiempo comprobó que se necesitaba mayor capacidad de almacenaje. Todo pasaba en una totalidad silenciosa y una fidelidad jurada, aunque las llamas del fuego dejaran sombras sobre el cielo de Roma. Gracias, FJ, por recordar estas conflagraciones. Un abrazo, en medio de esa algazara de poder histriónico.

    • Hola marimbeta,
      es que se las inventaban todas. ¿A quién de nosotros se nos ocurriría coger intestinos a modo de bolsa y después llenarlas de agua para apagar incendios? Hoy en día, todavía llenamos ollas y cubos para sofocar ese imprevisto incendio cuando no contamos con una simple manguera.
      Un abrazo ignífugo

    • Hola Salva,
      he contado 44 fuegos en la canción así que en esta ocasión el título de la canción no es de extrañar que te viniera a la mente. ¡Ja, ja, ja!
      Creo recordar que era uno de los primeros discos de la banda madrileña y, si no estoy equivocado, lo de Ñu viene por el cantante, aunque no sé si es porque era un poco animal. Una pregunta, el bajista de entonces creo que se llamaba Mariscal y el productor de ese disco también, ¿sabes si eran familia o algo así?
      Saludos

  7. Un motivo más para admirar la civilización romana (lo de Craso es de todas las civilizaciones, por desgracia).
    Enhorabuena por el artículo, Francisco.
    Con permiso, para quien le interese, dejo este vídeo (hay otros que le siguen) sobre la Historia del Cuerpo de Bomberos en España que -al parecer- comienza bastante más tarde, en 1577, como consecuencia de un incendio en las obras de El Escorial… ¡Saludos encendidos!

    • Hola Paco,
      ¡estupendos aportes! Mil gracias y no tenía ni idea de lo de El Escorial. En cuanto a Craso… creo que hubiera preferido morir de otra forma. Tras ser capturado en la guerra contra los partos, fue asesinado introduciendo por la garganta del cuerpo del triunviro oro fundido, en alusión a su avaricia. 😉
      Un abrazo

  8. Pingback: ¡Fuego, fuego! ¡Ayudadme a apagarlo!

  9. El ingenio del hombre siempre ha quedado demostrado por su capacidad para descubrir, innovar, crear … tanto como su crueldad y su maldad, amigo FJ.

  10. Pingback: “La Gran Explosión”. Cuando las montañas rugieron en los Estados Unidos | franciscojaviertostado.com

    • Hola Patricia,
      canalización de agua, nuevos materiales de construcción, tácticas de guerra … y como no, extinción de incendios, aunque en este caso poco podían hacer cuando el fuego arrasaba una ciudad, al menos lo intentaban en serio.
      Otro saludo para ti.

  11. Pingback: El jugoso y perverso negocio de los bomberos en la Antigua Roma. | Ciencia Histórica

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