Juicio en la antigua Atenas y cómo ser abogado de uno mismo

La Hetera Friné. Óleo, de J.L. Gérôme 80 × 128 cm (1881). Museo de Arte (Hamburgo). Haz clic en la imagen para ampliarla.

Este cuadro -que os aconsejo que ampliéis- representa a una famosa cortesana (hetaira) de la antigua Grecia de nombre Friné juzgada ante el Areópago tras ser acusada por Eutias, un galán desairado por ella por parodiar los misterios de la diosa Deméter, algo castigado con la muerte. Como no conseguía persuadir a los jueces, el orador Hipérides desnudó bruscamente a Friné para que los jueces se sobrecogieran con “temor religioso” por el asombroso parecido de la cortesana con Afrodita. Por supuesto acabarían por absolverla. En este caso la acusada tuvo suerte y el jurado se convenció de su inocencia pero en lo juicios de entonces, lo que determinaba que la balanza se inclinara de un lado a otro, era la capacidad de convencer y la locuacidad tanto del imputado como del inculpador.

Al igual que en nuestros tiempos los juicios en la antigua Grecia tenían mucho de espectáculo consistiendo básicamente en un enfrentamiento dialéctico. Un cara a cara que se realizaba en el Areópago (antiguo tribunal aristocrático) si se trataban de delitos de sangre o criminal. Estos se hacían al aire libre para evitar que “la mancha del acusado se propagara a los jueces y al acusador”. Para otros tipos de delitos, el papel de juez correspondería al propio pueblo, ciudadanos de cada tribu elegidos con un original sistema, el cleroterion. Este consistía en un bloque de piedra que presentaba unas incisiones en hileras para que cada miembro introdujera una ficha. Después, los dados negros y blancos que se extraían de un embudo decidían la fila “agraciada”.

cleroterion

Cleroterion. Antiguo Museo Ágora en Atenas.

Es sorprendente la analogía de aquellos juicios con los actuales. La acusación debía realizarse por escrito y si el magistrado que presidía el tribunal la aceptaba, requería a las partes el depósito de gastos fijando un día para la instrucción. Tras presentar las pruebas (documentos, prendas…) estas se guardaban en una caja sellada hasta el día del juicio.

Ese día, los participantes en el jurado madrugaban para poder acomodarse en un buen lugar y el presidente se sentaba en una tribuna de piedra junto a un escribano, un heraldo y arqueros que se encargarían de la seguridad. Las partes en conflicto se situaban en los extremos de la tribuna y a la hora dispuesta se cerraba la puerta del recinto y se entregaba una ficha a cada uno de los miembros del jurado para que al final la cambiaran por la paga asignada por su presencia en el juicio (tened presente que ese día no acudían a sus respectivos trabajos en el campo con la pérdida económica que eso significaba). Tras leer las causas eran los turnos del denunciante y del acusado, que en ocasiones eran representados por un tutor legal o el dueño si se trataban de mujeres, menores, esclavos o extranjeros.

Como que no existían abogados debían espabilarse ellos mismos, y claro, había gente con más o menos capacidad de persuasión. Para compensarlo existía la figura del logógrafo, que preparaban los discursos de sus clientes que después debían memorizar para explicar delante del jurado, siempre ajustándose a unos tiempos preestablecidos, de 20 a 48 minutos para la primera intervención y de 8 a 12 minutos para la rectificación, tiempos que podían variar según el importe de dinero en disputa.

Os preguntaréis cómo calculaban ese tiempo si no existían cronómetros ni relojes. Para contestar debemos fijarnos nuevamente en el magnífico cuadro de arriba. Vemos en el centro de la imagen un recipiente colocado detrás de una figura dorada que bien podría corresponder a un reloj de agua (clepsidra). Este ingenio no era nuevo, los egipcios ya lo utilizaban sobre todo por la noche cuando no se podía utilizar el reloj de sol, obviamente. Después, los romanos lo copiarían de los griegos tanto en sus tribunales como para medir el tiempo de las interminables y odiosas guardias nocturnas castrenses.

clepsidra

Clepsidra – Reloj de agua. Reconstrucción de unos originales de arcilla de finales del siglo V a. C. Antiguo Museo Ágora en Atenas.

Las clepsidras consistían en vasijas de cerámica que se llenaban de agua hasta el borde, con un orificio en su base de un tamaño prefijado para asegurar la salida del líquido por un tubo de bronce a una velocidad preestablecida. Dentro del recipiente se encontraban otras marcas que indicaban los diferentes períodos de tiempo. Podríamos decir que eran los cronómetros de la antigüedad, incluso Platón ideó un despertador con este mecanismo.

Durante el juicio era habitual oír gritos de desaprobación o de apoyo (en esto sí que se ha cambiado porque ahora el juez te expulsa inmediatamente de la sala) debiendo dictarse el veredicto el mismo día del juicio (hoy se tardan días, semanas, meses…¡Buf!). La forma de emitir el voto fue cambiando con el tiempo. En el siglo V a. C. el jurado introducía una concha o un guijarro, según fuera o no favorable. Más tarde, a partir de 390 a. C.,  el jurado recibía dos fichas de voto de bronce, entera o horadada, que se depositaría en una jarra, según el caso.

ficha de voto Atenas

Estos discos se utilizan para emitir el voto de un jurado en un caso (300 a. C.).  Antiguo Museo Ágora en Atenas. Haz clic en la imagen para ampliarla.

Antes de terminar permitidme presentaros otra figura muy temida por los ricos “honrados” (que también los había), los sicofantas, representados en el teatro de Aristófanes. Eran personas sin escrúpulos que se dedicaban a calumniar a otras a cambio de dinero, y para ello no tenían ningún reparo en comprar testigos y falsificar todo tipo de pruebas (vamos, que eran unos “perlas”) Conocidos y despreciados por la sociedad muchos llegaron a lucrarse a pesar de las fuertes multas que en ocasiones recaían sobre ellos tras descubrirse su complot. Tener dinero y a la vez ser tímidos e incapaces de desenvolverse en un juicio les convertía en presa fácil para los sicofantas, una actividad que no era exclusiva de Atenas sino de todas las democracias griegas.

La monarquía, oligarquía y tiranía practicadas anteriormente, acabarían transformándose en Democracia, un gobierno del pueblo, y aunque no puede hablarse de democracia griega en general (básicamente sería en Atenas donde se practicaría) dejarían una impronta en la Historia de la Humanidad que sería y sigue siendo ejemplo para todos (aunque todo se puede mejorar, por supuesto).

Un ensayo:

Juicio contra una prostituta, Demóstenes. Errata Naturae, Madrid, 2011.

Links fotos:

MarsiasSharon MollerusSharon Mollerus

Información basada en el artículo Ir a juicio, la gran pasión de los atenienses, del historiador y escritor Antonio Penadés (N. G. Historia nº 95) Aquí puedes acceder a su blog

34 comentarios en “Juicio en la antigua Atenas y cómo ser abogado de uno mismo

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  2. La historia y pintura de Friné hace tiempo que la se, asimismo lo de las sicofantes, el resto es muy interesante, luego lo vueñvo a leer!!!!
    Buenos días amigo!!!!!!

  3. Es una preciosa pintura llena de matices, de luz en los puntos clave y que representa con detalle la historia que después has relatado en tu post.. Fabuloso como siempre 🙂 .. Abrazos de luz

    • Hola Mamen,
      un cuadro que me impresionó por muchos motivos, uno de ellos son las expresiones de todos los presentes. Es para ampliar la imagen y entretenerse en cada uno de ellos. Jean-Léon Gérôme fue un pintor francés que supo plasmar en sus cuadros la Historia antigua. Hace que el que observa sus pinturas se convierta en un protagonista más de ella. Dejo alguna muestra de ello:

      La muerte de César (1867)

      Diógenes (1860)

      Pollice Verso (1872)

      Puro espectáculo…
      Abrazos

      • Lo cierto es q maravillan sus lienzos.. Transportarte, por unos instantes, a esos periodos d la historia es fácil con ese realista, fino y delicado trazo 🙂

      • Alucina ver tanta realidad, tanta objetividad en esos diferentes momentos pintados. La gente disfruta de manera espectacular. Va otro Abrazo, académico.

  4. Hola Francisco,
    Es una pintura preciosa y lo que nos cuentas de los juicios resulta muy interesante. Y a mí que lo de los sicofantes me ha parecido de lo más actual pero con otros modos! 😉 😉
    Besetes de viernes…

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  6. He disfrutado muchísimo esta entrada, el detalle del despertador de agua/sonido me dejó boquiabierta. El ingenio humano no tiene límites. ¡Maravilloso!
    Como abogada, disfruté demasiado esta crónica.
    Saludos, y muchas gracias.

    • Hola Catalina,
      te entiendo perfectamente y me alegra saber que en tu caso lo disfrutaste siendo de la profesión. Por cierto, ¿sabes de dónde viene el término “testificar”? Aunque es confuso su origen, existe el bulo (curioso por otra parte) que dice que los romanos juraban decir la verdad apretándose los testículos con la mano derecha, comprometiendo tan sensible parte si mentían, aunque lo más probable es que provenga de “testigo” y esta a su vez viene del antiguo vocablo íbero “testiguar”, derivado del latín “testificare”.

      Saludos

      • Concuerdo con lo confuso del origen de la palabra testificar, lamento no poder aportar más información, ya que sólo conocía las dos teorías que tú planteas. En lo personal, me quedo con el juramento tomando los testículos, únicamente porque así las mujeres estaríamos eximidas de la obligatoriedad de decir la verdad. Jajajaja.
        Saludos para ti.
        Espero tu próxima entrada,

  7. Hipérides se percató que la palabra no era suficiente para convencer y, utilizó el pensamiento para desvelar a Friné, tirando de la manta que la cubría. ¿ Quién se resistiría ante tanta verdad ? Gracias, FJ, por este descubrimiento de tan bello cuerpo del delito. Un abrazo sin cambiar el instante, sin misterios eleusinos.

  8. Una lección más de saber, FJ. La clase de hoy me ha encantado e instruido, para mis retóricas y emocionadas madrugadas del café.

  9. Igual que bastó con mostrar la belleza de la hetaira Friné desnuda a un grupo de viejos verdes para conseguir un veredicto de inocencia, también bastó el concurso de unos cuantos hábiles sicofantas, bien pagados por los sofistas de Atenas, a los que Sócrates dejaba en ridículo con su erudicion, y sobre todo porque no cobraba por sus enseñanzas y ellos si, perjudicando su negocio, para condenar a beber la cicuta y morir al hombre”más justo, más sabio y más bueno”, en palabras de su discípulo Platón.
    ¡La justicia no ha cambiado casi nada, en más dos mil quinientos años, amigo Francisco Javier!.
    Gracias por tu instructivo artículo como siempre, y buen fin de semana.
    .

  10. Que bueno que hoy me diste un ratito de justicia. Me encanta como cuentas la historia… Lamentablemente, todavía hay gente que se presta a mentir en la corte por dinero. Hay cosas que nunca cambian.

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  12. Pingback: ¡Qué me dices! (XVIII) | franciscojaviertostado.com

  13. A propósito de las hetairas y de la belleza de Aspasia, de Semirames y de Friné entre otras mujeres destacadas de esas épocas, me han contado que en el renacimiento la gente se preguntaba ¿Dónde están los vomitorios? ¿Dónde están los bacanales? ¿Dónde está la belleza de aspasia y de Friné? y esto era porque en la edad media muchos de los antiguos placeres y excesos habían sido proscritos.

    • Hola Alejandro,
      permanecieron en el olvido durante la Edad Media para después, con el Renacimiento, redescubrir la belleza de la antigua Grecia. Donatello, Miguel Ángel… y tantos otros, junto con el mecenazgo de los Médici, en especial con Lorenzo “el Magnífico”, hicieron posible y espléndido este período de la cultura.
      Saludos y gracias por comentar.

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