Las catacumbas de Santa Priscila, arte y misterio sin igual

The martyrs in the catacombs

Los mártires de las catacumbas, óleo de 336×170 cm. de Jules Eugène Lenepveu (1855) Museo de Orsay (París).

Las catacumbas de Santa Priscila de Roma no son quizás las más visitadas por los turistas pero probablemente sean las más importantes del subsuelo de la Ciudad Eterna. Situadas en el norte de la ciudad, en la via Salaria, a finales del siglo XIX los arqueólogos comenzaron a excavarlas encontrando que los mosaicos que contenía habían sido arrancados y los valiosos sarcófagos, desaparecidos o hechos añicos, pero por su tamaño, el número de mártires allí enterrados y los frescos de la capilla Griega (Capella Greca) que se encuentra en su interior, hacen de ella la más interesante.

El motivo de sepultar a los muertos fuera de las murallas de la ciudad lo encontramos en la sociedad grecorromana, básicamente por cuestiones rituales aunque también sanitarias. Los cristianos harían suya esta práctica construyendo túneles a lo largo de las vías que conducían a la ciudad, gracias también al hecho de que la piedra del subsuelo era fácil de excavar.

Lejos de la idea que nos han transmitido las novelas y el cine, las catacumbas no eran lugares de refugio de las persecuciones que sufrieron los primeros cristianos sino que eran cementerios comunitarios donde incluso los más pobres podían ser sepultados. Comenzaron a utilizarse para tal fin a finales del siglo II, siendo el emperador Constantino, en el siglo IV, quien las monumentalizará, pero con el traslado dos siglos después de las reliquias de los santos que allí se guardaban, a las iglesias del interior de las murallas de Roma, acabarán abandonándose.

El lugar donde se encuentran las catacumbas de Santa Priscila perteneció a la familia de los Acilios durante más de 250 años, siendo el cónsul y senador Acilio Glabrión desterrado de Roma y condenado a muerte por Domiciano por convertirse al cristianismo. En su interior se encuentra: el hipogeo de la familia; la capilla Griega, calificada como Capilla Sixtina del arte paleocristiano; sepulcros, frescos del siglo II y otros cubículos con espléndidas pinturas. Es en la capilla donde encontramos unas pinturas que han generado -y siguen haciéndolo- un encendido debate entre los expertos.

Madonna_catacomb

En la imagen de arriba se puede ver la que para muchos es la imagen más antigua de la Virgen con el Niño, fragmento de una escena en la que están los tres Magos adorando a Jesús. Las imágenes más antiguas de la Virgen María son del siglo V, tras el reconocimiento oficial de María como madre de Cristo (Concilio de Éfeso, 431), así que esta sería la más antigua encontrada hasta la fecha.

fresco ceremonia catacumba santa priscila

En el fresco de la eucaristía, el más controvertido de todos, se muestra siete personas sentadas a la mesa, una de ellas con un velo y otra extendiendo los brazos para partir el pan, además de un cáliz, un plato con dos peces y otro con 5 panes. Algunos reconocen en sus rasgos y vestidos a mujeres, muestra de que estas jugaron en la Iglesia primitiva un papel mucho más relevante de lo que se pensaba. La profesora de historia del arte cristiano en la Universidad de Vanderbilt, Robin Jensen, señala que actualmente nadie puede cuestionar que hubo mujeres diaconicas al menos hasta el siglo IV, y por tanto, este fresco ilustra que esas mujeres oficiaban una eucaristía.

Polémicas aparte, descender al interior de estas catacumbas es envolverse en la Historia con mayúsculas, un viaje en el tiempo, una visita obligada en Roma.

Para saber más:

Recorre las catacumbas en 3D

Catacumbas de Priscilla (web oficial)

Links fotos:

Florencia Denis (Arte Paleocristiano-Pinterest); KAI40

Links información:

bbc.com; Los cementerios subterráneos, catacumbas de Roma, artículo de la prof. de Historia Antigua Mar Marcos (N. Geographic Historia, núm. 146)

 

13 comentarios en “Las catacumbas de Santa Priscila, arte y misterio sin igual

    • Hola Carme,
      las de Roma son las más conocidas y extensas, con cientos de kilómetros de longitud, pero las hay etruscas, paganas y judías enterradas bajo otras zonas de la cuenca mediterránea. Por su misterio, religiosidad e historia, lo son.
      Saludos

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Muy interesante la información que nos brindas, Francisco Javier, como siempre.
    Sólo señalar que la razón de ser de la catacumbas, como cementerios que eran, viene de la prohibición del cristianismo (heredada del judaísmo) de incinerar los cadáveres. Así pues, además de las razones de salud pública, los cristianos necesitaban mucho más espacio para sus muertos que los romanos, que sí los incineraban . Como además el cristianismo estuvo proscrito durante largos períodos del Imperio, los cementerios no podían estar al aire libre. De ahí el enterrarlos en catacumbas.
    Sólo en fechas muy recientes, la Iglesia Católica autoriza la incineración de los cadáveres.
    Gracias como siempre, amigo mío, y hasta la semana que viene.

    • Hola Luis,
      en Roma, cuando el moribundo lanzaba su último suspiro de vida se le quitaba la sortija que portaba, y cerrándole los ojos y la boca se le llamaba tres veces por su nombre. Después, tras lavar y perfumar el cuerpo, le vestían con su mejor traje para exponerle durante muchos días en el vestíbulo de la casa mortuoria. Durante la República, el entierro lo precedía un maestro de ceremonias y detras marchaban los lictores vestidos de negro, músicos y plañideras con lacrimatorios de barro o de vidrio. También estaban los arquimimos, que gesticulaban las principales acciones en vida del fallecido y los esclavos libertos al final de la comitiva. Tras el discurso fúnebre en el que le elogiaban, se llevaba el cadáver a una pira encendida extramuros. Las cenizas se recogían en una urna y se colocaban en el sepulcro familiar. Si no se tenía la fortuna de poder permitirse el gasto que todo esto representaba, es decir, la gran mayoría de personas, la opción que quedaba era la de conducir el cuerpo a un ataúd común y ser inhumado sin más. Por cierto, digamos que la clase media había constituido un “colegio funerario” que aseguraba al menos una sepultura medianamente digna y las oraciones correspondientes, podríamos decir que como hacemos en la actualidad la mayoría de los mortales.

      Ya sea para buscar la vida eterna o el descanso del alma del difunto, los ritos funerarios de las distintas civilizaciones son de lo más diversos. Puede que los maestros sean los egipcios, pero existen otros no tan conocidos pero curiosos aunque también macabros a nuestros ojos occidentales, como los tibetanos, que no entierran ni incineran a los muertos (excepto si son menores de 18 años, mujeres embarazadas o si la causa de la muerte fue alguna enfermedad infecciosa) sino que “entregan” literalmente el cuerpo de sus difuntos a los buitres. Piensan que las aves carroñeras son ángeles que bailan entre las nubes perpetuando el ciclo de la vida. Al creer en la reencarnación, el cuerpo del fallecido es considerado como algo vacío, sin ningún valor espiritual. Lo macabro es ver al oficiante del ritual cortar la carne y los músculos del difunto con un afilado cuchillo para entregarlo a los buitres. Gore total.

      Saludos y hasta dentro de unos días 😉

  3. ¡Qué saben los muertos del día si todo se vuelve noche! Pero, esto es el día, cuerpos mirándose sin poder mirar la desnudez en que quedan, enterrados en catacumbas, eternizados. En los ojos abiertos de los muertos se alcanza ver ese fulgor extraño, ligera humedad. Percibir un último tapiz de aire en la pupila inmóvil, velo de sombra, luz apagada. Ojos que velan su propia sombra. Ojos infranqueables, codiciada puerta, entreabierta, casi cerrada? ¿Por qué la muerte prolonga a los amantes encerrándolos en un mutismo como de tierra? Habrá ángeles custodios que les recogen las cabezas en esas profundas bóvedas? O, ¿tal vez, murieron en sus propias venas dentro de sus sarcófagos? Sin saber, la gente se pregunta : ¿Estará la sombra en sus ojos y sus ojos están vacíos? Gracias, FJ, por ilustrar estos enterramientos. Abrazos, desde las oquedades.

  4. La verdad que viajo el mundo contigo, viajo en el tiempo también. Hay tantas cosas que no tenemos claras y que nuestro conocimiento es tan escaso. No sé si te das cuenta del trabajo tan genial que haces. Un abrazo.

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