La oreja de Adriano, el emperador

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El rostro de Adriano, reconstrucción en silicona según Theaterakademie August Everding de Múnich

Se conoce a los cinco primeros emperadores de la dinastía Antonina -la más longeva del Imperio romano- por el nombre de los Cinco emperadores buenos. Este nombre propuesto por Maquiavelo presumiblemente por su gran labor y por ser una época de esplendor entre los años 96 y 192, hacen referencia a Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio por orden cronológico. De ellos, Trajano y Adriano nacieron en Hispania y es de este último del que hablaremos.

Un buen emperador

Sus antepasados emigraron de Italia a la Itálica de Hispania en época de los Escipiones, concretamente en la Bética, actual Santiponce. Su padre era primo del emperador Trajano y tras su muerte, contando Adriano tan solo diez años de edad, fue puesto a tutela del propio emperador. Trajano le llevó a Roma y durante cinco años recibió educación griega. Obtuvo el favor de la mujer del emperador, Plotina, y obtuvo distintos cargos que desempeñó con éxito. Cuando falleció Trajano fue proclamado emperador con cuarenta y un años.

Tomó diversas medidas que le hicieron muy popular entre el pueblo: disminuyó los impuestos imperiales de las provincias; prohibió que los bienes de los condenados aumentase el fisco privado, sino el erario público; aumentó la política seguida por su antecesor de alimentar a niños desamparados; y proporcionó juegos circenses, eso sí, rechazó que fueran en su honor a excepción de los que celebraban su cumpleaños, como la vez que ofreció mil animales salvajes para los espectadores del circo. Se rodeó de los mejores senadores y proclamó que pensaba gobernar el Estado no como si fuera suyo, sino de todos los ciudadanos.

De vasta cultura dominó la Aritmética, la Geometría, la Literatura, la Astrología, las armas… Embelleció como pocos numerosas ciudades del imperio y lo recorrió en su práctica totalidad: Galia; Germania, llevando una vida como cualquier otro soldado; Britania, donde inició la construcción del muro que lleva su nombre; Mauritania; Oriente, con una simple entrevista evitó la guerra contra los partos; Sicilia; Antioquía; Arabia…

Su aspecto físico y su muerte

Busto retrato. Siglo II d.C. Galería de los Uffizi. Florencia. Italia.

Según su biógrafo tenía el cabello rizado, ojos negros y llevaba barba, fue el primer emperador en lucirla completa, probablemente por su afición a la cultura griega. De buena estatura era buen jinete y andador, describiéndole como huraño y cortés, guasón, atolondrado, tacaño pero generoso, cruel y clemente, franco y doblado. Desenfrenado con el sexo, es bien conocida su homosexualidad.

La belga Marguerite Yourcenar escribió Memorias de Adriano, una de las más grandes novelas de la literatura del siglo pasado que os recomiendo encarecidamente. En ella se citan a los cronistas de la época como Dion Casio y se pone de relieve la enfermedad que aquejaba al emperador y cómo el hombre más poderoso de su tiempo tuvo que obedecer a su médico personal, Hermógenes.

… tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad… nada puede exceder de los límites prescritos; mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años.

Adriano sufrió en los últimos años de su vida dificultad para caminar sin fatigarse, tenía que ir al Senado en litera y pronunciar sus discursos tumbado. Sus piernas se hinchaban (edema), presentaba dificultad respiratoria (disnea), dolores torácicos (anginosos), taquicardia… Cualquiera que fuera su trabajo debía cuidar de no fatigarse demasiado y era consciente de ello y de que su final estaba cerca, perdiendo el ímpetu de lucha que le caracterizó durante toda su vida.

Hermógenes acertó al diagnosticarle «hidropesía cardíaca«, es decir, insuficiencia cardíaca, pero no dispuso de las medicinas que hoy tenemos en nuestra farmacopea para tratarle, a lo sumo alguna planta procedente de Oriente como la digital que aún utilizamos como antiarrítmico.

Adriano no estaba dispuesto a seguir viviendo en estas condiciones. Avergonzado y angustiado quería morir para no seguir sufriendo. En cierta ocasión Hermógenes tuvo que ausentarse y le sustituyó un joven médico alejandrino, Iollas, experto en venenos. Fue entonces que el emperador le solicitó terminar con su vida, tanto le insistió Adriano que Iollas prometió darle una dosis de veneno a la mañana siguiente, sin embargo, al despertarse el emperador comprobó que quien perdió la vida fue Iollas, al suicidarse para no faltar a su juramento Hipocrático.

Cada semana que pasaba empeoraba la salud de Adriano, tanto que la medicación que le administraba Hermógenes no le hacía efecto y generó incesantes comentarios desairados del emperador hacia su médico personal y la profesión médica. Algunos describen hoy el síndrome de Hermógenes como «cualquier clase de padecimiento del paciente que sea ocasionado por una actitud deshumanizada del médico o del sistema de salud ante la enfermedad y el sufrimiento humanos» y el síndrome de Adriano como «toda actitud prepotente, arrogante o deshumanizada del paciente, sus familiares, sus representantes legales, los responsables de su seguridad social u otros, que pretenda menoscabar injustamente la importancia y la calidad del acto médico realizado por un profesional ético y competente, cualquiera que sea su fin o intención».

Cuando cayó enfermo dudó mucho a quién nombrar sucesor, inclinándose finalmente por Antonino Pío con una condición: que adoptara a Marco Aurelio, futuro emperador también. Murió a los sesenta y dos años en el puerto de Bayas, en la bahía de Nápoles y en su sepulcró ordenó poner el siguiente epitafio:

Turba medicorum regem interfecit (Por fiarse de los médicos dio tan presto fin a sus años)

El «signo de Frank»

Probablemente el origen de la enfermedad del emperador Adriano fue una cardiopatía o una enfermedad coronaria y es ahora que me gustaría daros a conocer la curiosidad médica que describo en el título de este artículo.

Si os fijáis en el retrato de Adriano que os muestro más arriba podréis ver que en el lóbulo de la oreja puede apreciarse perfectamente un surco diagonal que se inicia en el borde inferior del conducto auricular externo y se dirige con un ángulo de 45 º hacia el borde del lóbulo del pabellón auricular.

Se conoce como el «signo de Frank» desde que fue descrito por el neumólogo Sanders T. Frank en 1973 asociándolo a la enfermedad arterial coronaria, un estudio que se publicó en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine. Siete años después, el Dr. Petrakis, estudió diversos bustos de Adriano llegando a la conclusión que el emperador presentaba en su oreja dicho signo, y así podemos ver en las esculturas que se encuentran en el Metropolitan Museum de Nueva York, en el Museo del Prado y en el Museo Arqueológico de Atenas.

A fecha de hoy existe controversia entre su existencia y la presencia de cardiopatías, pero se ha confirmado que hay una base genética en relación con el sistema HLA-B27, el gen C3-F de la aterosclerosis y el cromosoma 11. Algunos autores opinan que la hendidura es más prevalente a partir de los 50 años y asocian la profundidad del surco a la mayor gravedad del cuadro clínico, otros, por el contrario, no encuentran significación estadística en estos hallazgos.

Recientes estudios han demostrado su asociación con factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, diabetes, cardiopatía isquémica y enfermedad vascular periférica, incluso que predice el accidente cerebrovascular isquémico de forma independiente, encontrándose en pacientes con alto riesgo de sufrirlo incluso en ausencia de cardiopatía isquémica.

Controversias aparte, la elevada prevalencia de esta enfermedad bien merece la pena tener presente este signo en la exploración física y buscarlo.

😉

Link imagen:

ernestoprietogratacos.com

Información basada en el libro Enfermedades que cambiaron la Historia, de Pedro Gargantilla

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