La maldición del «Sillón del Diablo»

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 El sillón del Diablo , en el Palacio de Fabio Nelli , Valladolid.

En el palacio de Fabio Nelli, actual sede del Museo Provincial de Valladolid (España), encontramos un objeto camuflado entre otros muebles casi en la última planta, en la sala 14, un sillón de madera de nogal, con respaldo de cuero de color marrón fabricado en la segunda mitad del siglo XVI, que oculta una oscura leyenda. Se le conoce como el «Sillón del Diablo» nombre que apunta a su relación con el maligno o al menos eso pensaban las gentes del lugar y la Inquisición española. Según cuentan, todo aquél que se sienta en él tres veces muere a los dos o tres días, o tal vez adquiere todo el conocimiento del mundo. Por si acaso, una cuerda evita que cualquier visitante quede tentado en hacerlo, ya que, a lo largo de los siglos más de uno comprobó que esta leyenda puede ser bien cierta.

La disección de cadáveres, una práctica mal vista

Antes del siglo III a. C. se practicaban disecciones de animales para estudiar el cuerpo humano, y serán los médicos griegos Herófilo de Calcedonia y Erasistrato de Quíos los primeros que diseccionaran humanos para el estudio de su anatomía. En la Edad Media, se realizaron disecciones y autopsias del cuerpo humano de forma regular al menos desde el siglo XIII, siendo registrada por primera vez la disección de una criminal ajusticiada, por el médico Mondino de Liuzzi en enero de 1315, delante de estudiantes de medicina y otros espectadores. A él se le atribuye el primer texto anatómico moderno.

La disección pública de cadáveres humanos se inició en el siglo XIV en Bolonia, y de allí se extendió al resto de Universidades europeas a lo largo del siglo XV. Son bien conocidas las disecciones públicas de cadáveres humanos por Andrés Vesalio en el siglo XVI que le llevaron a contradecir a Galeno en muchas de sus afirmaciones, hecho que puso a muchos médicos en su contra. Además, ejerció de médico del emperador Carlos I y después de su hijo, el rey Felipe II, aumentando aún más si cabe las envidias de los colegas más preeminentes de la época. Su obra De humani corporis Fabrica libri septem, publicada en 1543, tuvo gran influencia por sus ilustraciones, y aunque Leonardo da Vinci puede que fuera el primero en ilustrar detalladamente la anatomía en dibujos, estos se publicaron después de los de Vesalio.

La leyenda del sillón

En España, Alonso Rodríguez de Guevara llevó a cabo las primeras disecciones humanas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid gracias a un permiso real, ciudad que por aquella época era capital del reino y cuya cátedra de medicina no tenía nada que envidiar a las de Montpellier en Francia y la de Bolonia en Italia. Y fue en esta universidad donde acudió un joven de 22 años de edad de origen sefardí y portugués, Andrés de Proaza, muy interesando en la anatomía humana, pero mal visto por sus colegas por su ascendencia judía. Pues bien, él es el protagonista de nuestra historia.

En 1550 desapareció un niño de 9 años. Los vecinos de la calle Esgueva de Valladolid denunciaron que en el sótano de la casa de Andrés de Proaza se oían llantos y extraños ruidos que se asemejaban a gemidos y veían salir agua sanguinolenta a través del desagüe del edificio. Las autoridades acudieron al lugar y se encontraron con el cuerpo desmembrado del niño tras haberle practicado una autopsia en vida. Según se cuenta, Andrés de Proaza confesó que tenía un pacto con el Diablo a través de una silla de su escritorio que al sentarse, el diablo le ofrecía toda la sabiduría de la medicina. Tras registrar la estancia superior de su casa descubrieron la silla.

Tras ser denunciado a la Inquisición española, le torturaron y acabó confesando. Durante el interrogatorio, Andrés de Proaza negó que tuviera tratos con el diablo, aunque poseía ese «sillón frailero», por otra parte, muy común en los conventos. Según les contó se lo había entregado un nigromante navarrés en agradecimiento por haberle salvado de la Inquisición en 1527, admitiendo que cuando se sentaba en él entraba en trance y le ayudaba en el diagnóstico y curación de sus pacientes. No obstante, su amigo le dijo que tenía una especie de maldición:

Nadie más que un médico titulado se podía sentar en él sin peligro alguno. Si lo hacía otra persona, a la tercera vez que se sentara, moriría de un síncope fulminante.

Fue condenado a morir en la hoguera y sus muebles subastados públicamente, aunque sin éxito al pensar todo el mundo que estaban malditos y el sillón terminó en un trastero de las dependencias de la Universidad de Valladolid durante siglos. En el siglo XIX un bedel de la universidad lo descubrió y se sentó en él para descansar un rato sin saber la maldición que le rodeaba. A los tres días apareció muerto sentado en el sillón. Poco tiempo después, la universidad contrató otro bedel que, al ver el sillón se sentó y corrió la misma suerte que su predecesor. Fue entonces que alguien recordó la maldición y se decidió colgar en la pared de la capilla, boca abajo.

En 1890, tras las obras de derribo del edificio, se optó por llevar al Museo Provincial, en el Palacio de Fabio Nelli, donde hoy puede verse, eso sí, está… ¡terminantemente prohibido sentarse en él!

Vista frontal de la fachada del Palacio de Fabio Nelli, Valladolid.

Links imágenes:

Rastrojo; Rastrojo (I)

Información basada en el artículo de Javier Ramos en lugaresconhistoria.com

4 comentarios

  1. Reblogueó esto en Acuarela de palabrasy comentado:
    Ay! Qué miedo me dan estas cosas! Prefiero no creer en maldiciones. Pero vaya a saber una el alcance del poder de la mente… o si los objetos y lugares quedan «contaminados» de las vivencias de las que fueron partícipes… más allá de que tengamos conocimiento y ese mismo conocimiento nos autosugestione, lo cual vendría a ser un mecanismo por completo diferente, claro. Aquí una curiosa historia…

    1. Hola AcuarelaDePalabras,
      la mente es más poderosa de lo que podemos pensar, pero si me preguntas yo no tendría ningún problema en sentarme en ella ¡Ja, ja, ja!
      Un saludo y gracias como siempre por compartir.

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