Emperador Adriano el “grieguecito”

Busto del emperador Adriano (Museos Capitolinos)

Cuando murió con 62 años -se piensa que por una insuficiencia cardíaca secundaria a una cardiopatía isquémica- fue enterrado casi en secreto y el Senado quiso evitar que se le proclamara como dios. Sin embargo, sería un emperador cercano al pueblo, y su sucesor, Antonino Pío, logró que se le honrara con funerales y honores imperiales. Incluso hoy en día, su figura despierta opiniones contradictorias entre los historiadores: iniciador de la decadencia de Roma, para unos, mecenas de las artes, la paz y la prosperidad, para otros.

Probablemente nació en Itálica, el actual término municipal de Santiponce (Sevilla) -por cierto, una visita más que recomendable que desde aquí os invito a conocer-. Procedía de una acomodada familia establecida en la Hispania Baetica a fines del siglo III a. C. Sobrino segundo por línea materna de Trajano e hijo de un senador, su madre fue una gaditana con grandes propiedades en la región.

Tras la muerte de su padre, Trajano pasó a ser uno de sus dos tutores y desde joven se sintió atraído por la cultura griega, de hecho, el sobrenombre de “grieguecito” se lo ganó por su gran afición a la literatura, al arte y al pensamiento helénico. Su fascinación por la antigua Grecia hizo que adoptara la costumbre de llevar barba, algo que podemos comprobar en las numerosas imágenes escultóricas que tenemos de él, y a su vez en la misma Roma fundaría un centro llamado Ateneo, donde se reunían pensadores y filósofos griegos.

Uno de los aspectos que engrandecen a la antigua Roma es que supo ver que la cultura griega era muy superior a la suya y lejos de destruirla la hizo suya, la promocionó y la difundió por todos los lugares del mundo antiguo conocido. Así, muchas familias aristocráticas encomendaron a sus hijos ser educados por maestros griegos, y el propio Augusto y la familia julioclaudia participarían activamente en impregnar al mundo de la cultura helénica.

Algunos sectores de la sociedad romana desaprobaban estos actos al considerarlos contrarios a sus valores tradicionales y probablemente Adriano sería reprobado también por ello, pero el desprecio que recibió de Roma se vió contrarrestado por la popularidad y aprecio que generó en la parte oriental del Imperio.

Podríamos decir que al acceder al trono no se ganó muchos amigos al ordenar la muerte de cuatro senadores consulares muy queridos en Roma, pero su experiencia, tanto civil como militar, nadie la cuestionaba.

En sus veintiún años de reinado visitó todas las provincias y algunas, en más de una ocasión, muestra de su interés personal en cuidarlas.

Simulación digital del mausoleo de Adriano en Roma.

Trajano, su predecesor, destacó en una política de expansión militar y territorial, Adriano, basó sus objetivos en contener y reforzar las fronteras. Recorrió Britannia –donde ordenó la construcción de la muralla que lleva su nombre-, las Galias, Hispania, Mauritania, Siria, Atenas… promoviendo la construcción de infraestructuras como carreteras, puentes, termas, templos y bibliotecas que mejoraran la calidad de vida de sus habitantes. En Roma, encontramos muestras de su afán constructor en el impresionante Panteón, en su villa jardín en Tívoli y en su mausoleo (conocido como castillo de Sant´Angelo).

Se casó con la sobrina nieta de Trajano, Sabina, un enlace de conveniencia poco feliz, pero su verdadero amor sería el joven y bello muchacho Antínoo, un amor muy cuestionado en Roma pero comprendido en el mundo griego. Tras la muerte de su amante fundaría en su honor en Egipto la ciudad de Antinoópolis y reproduciría sus retratos por muchas otras ciudades.

Adriano quiso ser visto como un dios, divinizado como Augusto, y se asoció a Zeus, a la vez que asumió el título de Olímpico al modo de Pericles. Adriano, tirano para algunos o dios para otros, pero viajero incansable, amante de lo griego, fundador de ciudades, promotor de la paz romana y gran constructor. En mi humilde opinión, y más si lo comparamos con otros emperadores, no resultó ser tan mal emperador como piensan algunos.

Fuente bautismal en la Basílica de San Pedro (Ciudad del Vaticano). Se piensa que pudo ser el sarcófago del emperador Adriano en su mausoleo.

Un libro:

Adriano. Anthony Birley. Gredos, Madrid, 2010.

Para saber más:

foroxerbar.com

Link foto:

Rod6807

20 comentarios en “Emperador Adriano el “grieguecito”

  1. Estimado Francisco Javier,al principio,hace tal vez 4 o 5 años,te segui ,por que eres Ginecologo como yo,y me encanto sobremanera el gusto que tienes por la Historia y los acontecimientos que la hacen ser tan importantes e interesantes.Algo que tambien comparto.Mi renuencia a escribirte antes ,es que solo tenia una pequeña tableta y es muy engorroso escribir con ella.Ahora tengo una laptop como Dios manda,asi que es probable que sepas de mi pronto.Con mis mejores deseos de que sigas por esa ruta tan brillante……

  2. Bueno, por lo menos este no fué como el Calígula que hizo senador a su caballo, que ¡anda y pillen la onda en Cataluña!

    • Hola astolgus,
      sí, por desgracia en la actualidad tenemos senadores, ministros, consellers y presidentes que… “Déu ni do”, puede incluso que el caballo de Calígula tuviera mejor criterio que ellos.
      Un abrazo

      • Pero los de ahora ya no son Incitatus son BORRICOS de carga, especialmente si saben que cargan “pasta”

  3. Adriano. Tenía la venia de los dioses. Sí, gracias a su venia y, acordadamente trabajados, sus movimientos contra líneas y números contra pensamientos, no descubrieron su relación verdadera, su acto participativo. Todo un adelantado, mecenas de las artes escondidas. Prosperidad sin límites de los suyos. Claro, su asocio con Zeus Componía esa medianería de esa materia como un arte. Fluía y, brotaba todo en su mandato : Las piedras y las fuerzas, los perfiles y las masas, las luces y las sombras, los artificiosos grupos de círculos formados y consagrados a las ilusiones de las perspectivas y realidades de su peso, su momento.. ¡Qué momento de avidez plural : la vida y los libros! Todo ello, objeto de su comercio, cuyo lucro no fue el fin de esa riqueza incorruptible a la que se da por nombre “Perfección”. Gracias, FJ, por mostrar este dios deseado, divinizado. Abrazos olímpicos.

    • Hola marimbeta,
      siempre me imaginé, supongo que no soy el único en pensarlo, qué debían de pensar los emperadores romanos. ¡Tanto poder en sus manos! Un poder absoluto que les permitía decidir el futuro de millones de personas, la vida o la muerte, la suerte o la desgracia, la guerra o la paz… Realmente produce escalofríos el solo hecho de pensarlo.
      Un abrazo que abarque todo un imperio

  4. Desde que leí hace ya muchos años a la Yourcenar todo lo referido a Adriano me atrae. Gracias por tu reseña y dar novedades tan interesantes sobre este sevillano (perdón por el anacronismo)
    Un abrazo

    • Hola Juan Carlos,
      las memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar es una novela de mediados de siglo pasado considerada por muchos como una de las mejores novelas históricas, aunque hay que decir que el Adriano que nos presenta no es el Adriano histórico, sino un personaje creado por ella. Por cierto, la fuente principal en la que la autora se basó para escribirlo fue la Historia Augusta, escrita en el siglo III d. C.
      Un abrazo y te agradezco que la mencionaras.

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