Entre cocos, guerras y transfusiones

 

Un soldado realizando una transfusión sanguínea en Sicilia (1943)

El Desembarco de Normandía, en junio de 1944, culminaría con la liberación de la Europa occidental ocupada por la Alemania Nazi, gracias al valor, el sentido del deber y también a la desesperación de miles de americanos, canadienses y británicos. El combate se cobró la vida de más de cien mil personas de ambos bandos y entre bombas, balas y cuchillos, encontramos un diminuto objeto que salvó la vida de miles de muchos otros valientes soldados, me refiero a la sangre humana transportada en neveras y que en este desembarco terminaría por convertirse en la mayor operación de transfusión de sangre de la historia.

Los primeros intentos de transfusión

El  25 de julio de 1492, el Papa Inocencio VIII cayó en coma. Su médico personal le sugirió que bebiera la sangre de tres niños varones de 10 años de edad prometiéndoles pagar un ducado de oro a cada uno, recordad por aquél entonces no se conocía la circulación sanguínea. Sin embargo, tanto el Papa como los niños murieron.

Dos siglos después, el médico británico Richard Lower, tuvo el atrevimiento de sangrar a un perro casi hasta la muerte para después hacerle una transfusión de sangre de otro perro, era el año 1665, y es una de las primeras transfusiones exitosas registradas.

En el invierno de 1667, presentaron a un hombre loco y agresivo al médico del rey Luis XIV de Francia, el doctor Jean-Baptiste Denis. El galeno pensó que si le transfundía la sangre de un ternero, le calmaría y curaría su locura. Por supuesto, terminó muy mal su experimento.

Tras estos intentos fallidos se suscitó un encendido debate respecto a estas prácticas, quedando prohibidas durante más de 150 años. No será hasta el año 1818 que el obstetra James Blundell realizara la primera tranfusión sanguínea documentada de un ser humano a otro. Le extrae del brazo cuatro onzas de sangre a un hombre, para después transfundirla, mediante una jeringa, a su esposa, quien sufría una hemorragia posparto.

Las guerras mundiales y la necesidad de sangre

Sí, ya sabemos que las guerras no son buenas, pero también sabemos que algunos de los grandes avances de la ciencia surgirían gracias a ellas, ejemplo de ello lo tenemos en el tema que nos ocupa…

Karl Landsteiner, médico austríaco, descubriría en 1901 los primeros grupos sanguíneos humanos, permitiendo realizar transfusiones de manera más segura, y durante la Primera Guerra Mundial se realizarían muchas transfusiones a los soldados heridos, aunque casi de manera experimental, a la desesperada y con pobres resultados. La conservación de la sangre y el evitar que no se coagulara eran problemas por resolver, y el Dr. Richard Lewisohn, del hospital Mount Sinai de Nueva York, daría en parte con la solución al probar con éxito el citrato de sodio como anticoagulante y así prolongar la vida útil de la sangre. Otro científico, Charles Drew, tuvo la genial idea de enviar al frente solo uno de los componentes de la sangre, el plasma, que se reconstruiría con suero fisiológico en el campo de batalla.

La demanda de sangre durante la Segunda Guerra Mundial fue tan elevada que las campañas de donación se incrementarían como nunca. Se calcula que solo en Estados Unidos se consiguieron unos trece millones de unidades.

Agua de coco para salvar vidas

Los médicos y el personal sanitario se jugaban la vida para poder atender a los soldados heridos durante el combate, muchas veces con pocos medios e improvisando con lo que se tenía a mano. Los británicos en Ceylán y los japoneses en Sumatra, ante la falta de plasma, administraban agua de coco intravenosamente para rehidratar a los heridos.

Los beneficios de este alimento son conocidos desde hace siglos y su uso extendido y bien documentado en la medicina ayurvédica. El agua de coco es el líquido que se encuentra en el hueco interior del coco y es uno de los alimentos más nutritivos que se conocen. Su contenido en potasio, hierro, zinc, fósforo, calcio, magnesio, antioxidantes, citoquininas, ácido ascórbico, y L-arginina hace que entre sus beneficios esté el ser un estimulante del metabolismo y el sistema inmune, sea capaz de revigorizar la circulación sanguínea y del líquido linfático, se utilize para tratar la diarrea, ayude a reducir los niveles de colesterol, contribuya en la absorción de alimentos y la digestión, aporte pocas calorías y materias grasas, se utilize en la elaboración de cremas, fortalezca el crecimiento del cabello y… lo dejo aquí, bueno, no, no quiero acabar sin decir que su semejanza con el plasma sanguíneo humano sirviera en casos de extrema necesidad como sustituto de este.

Link foto:

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13 comentarios en “Entre cocos, guerras y transfusiones

  1. Pingback: Entre cocos, guerras y transfusiones — franciscojaviertostado.com | Planeta marcela!

  2. Hola amigo, extraordinario tema que me lleva a comentarte algunas cosas más. Sobre las transfusiones decir que de los clásicos grupos A, B, 0 y AB se complicó muy pronto con la aparición de subgrupos para evitar las reacciones postransfusionales pero llegando hasta el momento actual en que la sangre que se va a trasfundir se tipa (compara) con la propia del paciente. El plasma se sigue utilizando porque es el sustitutivo de la sangre pero muy limitado por tiempo y cantidad obtenida. En el tratamiento de los grandes quemados es fundamental para su curación. En cirugía reglada se utiliza la sangre del paciente extraída con anterioridad de semanas, reinyección de esa bolsa y extracción del doble. La sanidad rusa también utiliza su sistema. Y por lo que respecta a la anaplastología (fabricación de prótesis para partes faciales y de miembros) algo que comenzó en la primera Guerra Mundial con las tremendas heridas faciales producto de la guerra de trincheras, dando origen al cuasi nacimiento de la Cirugía Plástica y que ahora tenemos ya aquí las prótesis hechas con D y las stem cells (células madre) que desde la grasa podrán en un futuro muy próximo reconstruir cualquier tejido. ¡Sorry, me he vuelto a enrollar!

  3. Hola Francisco Javier Tostado. Me atrevo a sugerir que leas la biografía de un gran médico argentino, el Dr Luis Agote que fue el descubridor del efecto del citrato de sodio sobre la coagulación de la sangre y efectuó la primera transfusión indirecta del mundo. Te adjunto su biografía de la Wikipedia. Lamentablemente muchos científicos argentinos han realizado grandes aportes al avance de la humanidad y no han sido reconocidos debidamente. La razón es que estamos muy lejos del ruido del gran mundo. https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Agote

  4. Excelente e interesante.Vengo de una isla, te imaginarás la cantidad de agua de coco que he tomado en mi vida. Es refrescante y sabrosa, se me ha hecho la boca agua. Acá solo la consigo enlatada. No es igual, claro. ¿Será por eso que decimos en la isla: “Dame agua de coco intravenosa”?

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