Los niños de la viruela

En marzo de 1804 se celebraba en la catedral de la ciudad de México, capital de la Nueva España, un solemne Te Deum en presencia de todas las autoridades locales. El protagonista del acto no era ninguna personalidad ni ningún héroe militar, era un simple niño huérfano. Este niño tenía dentro de su cuerpo algo que iba a salvar las vidas de muchos de ellos, la vacuna de la viruela. Era uno de los 22 niños que acompañaban a “La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”.

Actualmente la viruela está considerada erradicada por la OMS desde el 9 de diciembre de 1979 y como vestigio de la misma sólo quedan las marcas de la vacuna en los adultos y las muestras conservadas del virus, protegidos bajo importantes medidas de seguridad en dos laboratorios. Este logro de la medicina se consiguió gracias al tesón y voluntad desinteresada de unos héroes, algunos conocidos, pero también otros anónimos. Edward Jenneres quizás el más ilustre de ellos desde que en el año 1796 pusiera en marcha la vacunación, pero existe otro médico que según el propio Jenner lo definiría como “el mayor ejemplo de filantropía más noble y amplio de la historia”. Su nombre Francisco Javier Balmis.

Esta niña se infectó de viruela en Bangladesh en 1973.

Consciente de los estragos que ocasionaba la viruela en América, sobre todo en México donde había vivido anteriormente, consiguió convencer al rey Carlos IV de España de la importancia de realizar una expedición para vacunar a las colonias españolas. El monarca, a pesar de la oposición de su tesorero y de la propia Iglesia que decía que el hombre no debía intervenir en las enfermedades que Dios mandaba, acabó convenciéndose con el argumento de que si no lo hacía, la viruela diezmaría a sus súbditos de América ocasionándole una pérdida enorme de su poder político y económico. Esto, junto con el hecho de que perdió una hija por la fatídica enfermedad, hizo que permitiera y sufragara la expedición.

En España se recibieron hilas con linfa de viruela vacuna dos años después de que Jenner publicara sus observaciones y en 1800, el médico Francisco Piguillem y Verdacer realizó las primeras vacunaciones en Gerona (Cataluña).

Cowpox a la ubre de una vaca. Trattato di vaccinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino, Luigi Sacco (1809)

Se planteaba un nuevo reto: ¿cómo transportar la vacuna al otro lado del mundo? Hay que recordar que los frigoríficos no se habían inventado todavía. Balmis ideó un sistema muy ingenioso que consistía en llevar a niños huérfanos que tras aplicarle a dos de ellos las secreciones de las pústulas con la vacuna en los brazos (quedando así inmunizados) se las iban pasando unos a otros con el contacto directo de las lesiones. De esta manera habría siempre al menos dos niños con capacidad para transmitir la vacuna.

El 30 de noviembre de 1803 la Expedición salió de La Coruña en la corbeta “María Pita”, con 22 niños de la Casa de Expósitos de la misma ciudad, al cuidado de su rectora, doña Isabel López Gandalla. Acompañando al Dr. Balmis (director) se encontraba el Dr. José Salvany y Lleopart (subdirector), los ayudantes Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robredo, los practicantes Fco. Pastor Balmis y Rafael Lozano Pérez y los enfermeros Basilio Bolaños, Pedro Ortega y Antonio Pastor.

El viaje:

Expedición por Balmis y sus colaboradores a América.

Tras un primer paso por las islas Canarias cruzaron el océano llegando a San Juan de Puerto Rico el 9 de febrero de 1804. Tras llegar a  México fueron recibidos con honores, y solo allí realizaron 100.000 vacunaciones, el 10% de la población infantil mexicana. Fue entonces cuando la Expedición se dividió:

  • José Salvany salió de La Guaira con tres ayudantes y cuatro niños, dirección a Cartagena, atravesó el Virreinato del Perú (Panamá, Colombia, Ecuador , Perú, Chile y Bolivia) hasta que falleció en Cochabamba a los 33 años de edad, afecto de tuberculosis pulmonar, tras siete años vacunando a la población de esos territorios.
  • Grajales y Bolaños se dirigieron a Santiago de Chile.

 

Los caminos eran infranqueables y tuvieron que salvar todo tipo de obstáculos. Acompañados de indios porteadores y estriberos que les ayudaban con los paquetes más pesados, el viaje era una aventura en sí misma. Los ríos que se encontraban se cruzaban con puentes hechos con maromas y taraditas con riesgo de que se derrumbaran por su propio peso. Otra dificultad añadida que se encontraron en Lima fue el comercio de la vacuna por parte de mercantes que así se enriquecían, sin control por parte de los facultativos. Este hecho hizo abandonar a Salvany las vacunaciones en masa no sin antes crear una plaza de “Inspector de Vacuna” en la que estableció el sueldo y sus funciones.

A medida que llegaban a las ciudades debían crear las Juntas de Vacunación que debían responsabilizarse de mantener el fluido vacuno fresco en los niños. Se creó una red que realizaba campañas de vacunación, publicándose reglamentos y estadísticas de las mismas, aunque la oposición de algunos gobiernos hizo que no se consiguiera erradicar la enfermedad del todo.

Balmis enfermó de disentería pero eso no le impidió embarcarse en la nave “Magallanes” con 25 niños huérfanos portadores de la vacuna para dirigirse a Manila y de allí a China, llegando a Cantón el 5 de octubre de 1805. A pesar de seguir enfermo no dejó de vacunar  a un gran número de personas hasta que las autoridades dejaron de respaldarle en su labor. Cuando los delegados de la Compañía de Filipinas de Cantón dejaron de apoyarle tuvo que abandonar su misión y regresar a España, el 7 de septiembre de 1806, finalizando una de las gestas más grandes de la historia médica.

En sus tres años de expedición por medio mundo salvaría la vida a millones de niños, quedando documentadas y registradas todas las vacunaciones que realizaban. Balmis fue recibido en Madrid como un héroe aunque con el paso del tiempo cayó en el olvido hasta bien entrado el siglo XX.

¿Y cuál era el destino de los niños que le acompañaban? Pues esos “pequeños héroes” acabarían instalándose en las diferentes ciudades por las que pasaban siendo acogidos por familias de las zonas.

Es justo reconocer a Balmis el éxito de la expedición pero también es justo hacerlo con los hombres y los niños huérfanos que le acompañaron en su viaje. Sin ellos no hubiera sido posible el éxito de la “La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”.

Francisco Javier Balmis, busto del situado en la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández de San Juan de Alicante, España.

Para saber más:

Francisco Doña La Medicina en el Arte

OMS-Erradicación de la viruela

¿Por qué no se destruyen las reservas de viruela?

Asociación Española de Pediatria Real Expedición Filantrópica de la Vacuna 

Links:

Historia de la Medicina. Ed. Norma S.A. Madrid (1989) 2 tomos. Prof. Francisco Guerra. Epidemiología Americana y Filipina (1492-1898).

bvs.sldcuMedtempus; Wikipedia

Links fotos:

CDC/James Hicks; Ecelan; J. Pass; Foto de F.J. BalmisL.Miguel Bugallo SánchezDirk van der Made

44 comentarios en “Los niños de la viruela

  1. Interesantísima entrada, que demuestra todo lo que desconozco de la historia, lo cual es acicate para seguir leyendo claro.

    Que una cosa te digo, hay algunos enlaces que se ven bastante mal, no sé la razón 🙂

    Abrazos.

  2. Desconocía completamente esta historia Francisco, y te agradezco como siempre nos abras los ojos a temas tan interesantes de nuestro pasado. La viruela causó estragos en América y tanto médicos como los niños involucrados se merecen este homenaje. Enhorabuena por un artículo más con tu conocida excelencia.
    Un cordial saludo.

  3. Pingback: Los niños de la viruela | estfonty

  4. Muy interesante, no sabía que la vacuna de la viruela salió de España y es asombroso el viaje y el trabajo que hizo este gran hombre al querer difundir la vacuna por el mundo.
    Fantástica entrada
    Saludos Francisco
    Cristina

    • Hola Cristina,
      creo que el viaje que hizo bien merece ser el tema de una película. En aquellos tiempos embarcarse en una epopeya (creo que se merece el atributo) de esta magnitud, durante años, sin más recompensa que la satisfacción de salvar vidas (cuantas más mejor), merecería estar en primera página de los libros de Historia.
      Un saludo (ya nocturno aquí)

  5. Cada entrada tuya es un gran descubrimiento para mi, no sabía nada de esto. En el mundo hay gente que no se para que viven, sólo para hacer mal… pero por suerte tenemos muchos investigadores que dedican su vida para el bien de la humanidad, para ellos mi gran respeto y gracias a ti por casi cada día enseñarme algo. Ah! y con la iglesia topamos de nuevo…
    Un abrazo..

    • Hola Rosa,
      pues sí, siempre han existido personas buenas y altruistas. De todas formas también existen en la actualidad aunque no estén en las primeras portadas de la prensa ya que no son ni futbolistas ni actores de Hollywood. Un ejemplo, Pedro Alonso y su investigación de la vacuna de la Malaria. Todo un ejemplo para todos.
      Un abrazo también para ti.

  6. Interesantísimo. Si no fuera por este Blog creo que nunca lo hubiera sabido. Gracias y, ah, no dejes de escribir nunca.

  7. Fantástico. Parece el argumento de alguna historia de Verne, cuanto menos. Me impactó la solución para el transporte de la vacuna. Supongo que en todas las épocas la necesidad pone en marcha el ingenio.
    Saludos.

    • Hola Verónica,
      impacta la solución e impacta su altruismo. Si nos paramos a pensar en la repercusión que tuvo su acción… entonces no podemos hacer otra cosa que sorprendernos y admirarle.
      Un saludo también para ti.

  8. Pingback: Los niños de la viruela

  9. Un tema tan interesante como -en mi modesta opinión- poco conocido, que has expuesto de manera magistral, como siempre.
    Eran otros tiempos… Hoy sería impensable llevar a cabo algo así. Y lo cierto es que la Expedición consiguió en gran parte su objetivo. Lástima que el enorme mérito de Balmis sea tan poco reconocido.
    ¡Excelente, Francisco! ¡Ah! Y muchas gracias por la referencia… 🙂
    Un abrazo.

    • Hola Paco,
      me consta que tú nos podrías explicar muchas más cosas (y seguro que mejor que yo) sobre esta pionera Expedicion. En cuanto a la referencia soy yo quien te ha de dar las gracias pues sin duda enriquece mi post.
      Un abrazo amigo.

  10. Pingback: La Medicina en el Arte: Pintura- Viruela y la primera vacuna | franciscojaviertostado.com

  11. Fantástico post Francisco, cierto que gracias a la utilización de estos niño se pudo transportar la vacuna y salvar muchas vidas, pero no puedo dejar de pensaren el la manipulación de unos seres indefensos y fáciles de manejar. Besos.

    • Hola Maribel,
      si te consuela un poco piensa que ellos no debieron sufrir más que el duro viaje que debieron hacer. Una vez allí fueron acogidos por las familias de la zona y creo (es mi opinión personal) que fueron recibidos como pequeños héroes pues llevaban en su cuerpo la curación de muchos de ellos.
      Un beso y buen finde.

  12. Ahora, se lucha contra ese mortal virus del Ébola. ¿ Por qué no se toma el ejemplo de FJ Belmis, conservando fluidos de anticuerpos en personas curadas, para ser utilizado en África ? El ejemplo de Teresa Romero, salvada con plasma sanguíneo de Paciencia Melgar es prueba que FJB hizo lo correcto. Esto ahorraría miles de millones de euros al mundo. Pero, parece que todavía se sigue pensando que “El hombre no debe intervenir en las enfermedades de Dios”. Gracias, FJ, por actualizar este blog. Un abrazo, con ojos bien abiertos.

    • Hola marimbeta,
      a mí, lo que más coraje me da, es el hecho de que la comunidad científica no ha empezado a actuar en serio hasta que ha visto el virus del ébola en su casa. ¡Qué insensibilidad ante las muertes en África! ¡Cuánta hipocresía en sus bocas! Cuando el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, dijo que los países ricos habían sido muy lentos a la hora de atacar la epidemia del ébola cuando comenzó en África, con qué mentira justificarían su respuesta. Pocas organizaciones han actuado desde el primer día y una de ellas es Médicos sin Fronteras. Permíteme dejar su link para que quien quiera y pueda, haga una donación para luchar contra el ébola:
      https://www.msf.es/colabora/donativos-socios/haz-un-donativo-al-fondo-emergencias-msf-2

      Otro abrazo, en esta ocasión con el corazón indignado.

  13. Efectivamente, el busto en Honor a Balmis, está situado en el Hospital General Universitario de San Juan de Alicante (provincia de Alicante), donde está enclavada la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández.

    • Hola Fran,
      siempre que visito una ciudad tengo la curiosidad de ver su hospital (supongo que es degeneración profesional). No he estado en esa ciudad alicantina pero seguro que cuando lo haga, lo buscaré.
      Un saludo

  14. Esta relación histórica sobre la vacuna de la viruela es en sí misma muy interesante y también una especie de “redención” a la minada fama de aquellos primeros españoles de las Américas, que aparecían (aparecen) siempre como malvados, torvos, codiciosos, asesinos y qué sé yo qué más improperios hechos por los mismos hijos y descendientes de los acusados, que son lugares comunes y tópicos insultantes en boca de vagos e ignorantes. La historia del doctor Balmis y sus niños es magnífica

    • Hola JAntonio,
      el enemigo al que se enfrentó era el más de terrible de todos. Se bautizó como “el peor ministro de la muerte” cebándose principalmente en los niños menores de diez años (aunque atacaba a cualquier edad). De los que sobrevivían (70%) muchos quedaban ciegos y marcados en su rostro para toda la vida. También había una variedad de viruela menos frecuente pero fatal que producía hemorragias y mataba al 90% de los infectados (algo así como el ébola que nos asola en nuestros días). Salvó muchas vidas pero también hay que pensar que muchas otras no se conseguirían salvar al no poder llegar a tiempo con la vacuna. Esperemos aprender de la Historia y que en la actualidad, con el ébola, no pase igual y que las autoridades internacionales actúen con más eficacia y rapidez que hasta ahora.
      Un saludo y gracias por comentar en el blog.

  15. Pingback: Luis XIV, el ocaso del “Rey Sol” | franciscojaviertostado.com

  16. Wow, qué historia tan fascinante. Simplemente me saco el sombrero por tu tocayo Balmis y toda la expedición. Ignoraba este hecho ya que en ninguna escuela de enseñanza elemental lo mencionan, teniendo todos los ingredientes para convertirla en un gran relato de aventuras, intrigas, enseñanzas y heroísmo, como bien mencionas y lo mejor de todo que es muy real. Saludos, un abrazo.

    • Hola Capullanita,
      sí, eso pienso yo. Seguro que si Balmis hubiese sido inglés o estadounidense, ya hubiera sido protagonista de alguna película o serie de éxito arrollador. Bueno, al menos que quede este pequeño tributo a su persona en este humilde blog
      Abrazos

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