El siglo de Oro, una época un poco… sucia.

“Piojos cría el cabello más dorado, legañas hace el ojo más vistoso, en la nariz del rostro más hermoso el asqueroso moco está enredado”  

 (Francisco de Quevedo)

Antes de entrar en materia (y nunca mejor dicho) una advertencia a todos aquellos que seáis un poco escrupulosos con la higiene: no continuéis leyendo.

Me centraré en el conocido como Siglo de Oro, la época de Don Quijote,  un hidalgo que casi nunca se lavaba y aunque pudiera parecernos que era debido a que Cervantes quiso darle un aire un poco “guarro” al personaje, nada más lejos de la realidad.

El agua ¡qué peligro!

En aquellos tiempos los propios médicos desaconsejaban los baños pues pensaban que el agua ablandaba el cuerpo al abrir los poros facilitando la entrada de las enfermedades. Esto era así que incluso pensaban que los ríos eran especialmente peligrosos para las mujeres pues si algún hombre o alguna de sus ropas estaban manchadas de semen y se sumergían en el arroyo, la probabilidad de que una mujer quedara embarazada por contacto era altísima al poder entrar el esperma por los poros de la piel. Esto no era un pensamiento aislado y de gente inculta pues el propio Lope de Vega no dudaba de ello y en una carta que escribió al Duque de Sessa le comentaba que un convento de Portugal tuvo que cambiar de ubicación al estar junto a un río, y en él se lavaba la ropa interior de los frailes observando que las mujeres del pueblo cercano, quedaban preñadas al beber el agua de la corriente.

Luis XIII al lado de su madre María de Médici.

El caso de los recién nacidos era especial. No, no voy a decir que los aseaban más sino todo lo contrario. En el siglo XVI pensaban que los bebés era totalmente porosos y nada más nacer se les bañaba para limpiar la sangre adherida tras el parto y después se les aplicaba por toda la piel sustancias que taparan sus poros: desde aceites hasta sal, desde cera hasta cenizas de cuerno de becerro. El propio rey de Francia, Luis XIII, tras el parto no se volvió a lavar hasta la edad de los siete años. Y si alguien se “atrevía” a bañar a un niño… nunca, nunca con agua fría, pues sino dejaría de crecer desde ese mismo momento.

¿Y cómo lo hacían para asearse?

… Y como hay que hacer caso de lo que dicen los médicos, la higiene era escasa, por no decir nula. Supongo que os preguntaréis que algo debían de hacer, que una persona aunque fuera en aquella época no podía estar sin bañarse durante años. Pues sí, algo hacían, se limpiaban en seco frotándose la piel con telas para después rociarla con algún perfume que disimulara el olor, como el ámbar, la algalia y el almizcle. Y quizás alguno se pregunte ahora cómo hacían para ponerse el perfume si no se había inventado el pulverizador. Ni cortos ni perezosos elegían a una criada (eso sí, con fuertes pulmones) para que con la boca llena de agua perfumada se la lanzara directa a la cara de la señora.

La cara nunca se lavaba (se quitaban la mugre con un trapo) pues hasta el siglo XVIII se pensaba que el agua les podía perjudicar la vista, provocar dolores dentales e incluso resfriados. En las manos y la boca utilizaban agua rebajada con vinagre o vino, pero el resto del cuerpo, el no visible, nunca entraba en contacto con el agua pues pensaban que la ropa interior absorbía las impurezas. Era mejor mudarse con frecuencia que lavarse. Con esto no quiero decir de que no quisieran estar limpios ya que su concepción de limpieza era otro diferente al que todos pensamos en la actualidad, implicaba mostrarse limpio aunque no se lavaran y es por eso que debían mantener su ropa limpia y cambiarla frecuentemente. Por tanto, llevar una camisa siempre blanca y un traje resplandeciente era considerado como signo de aseo, aunque nunca se tomara un baño. También se pusieron de moda los guantes perfumados (los fabricados en España eran especialmente valorados) que se regalaban para “quedar bien”.

«Retrato de grupo»: Frans Hals y Pieter Codde, Compañía del capitán Reynier Reael (La flaca compañía), 1633-37, óleo sobre lienzo, 207,2 x 427,5 cm, Rijksmuseum, Ámsterdam. Haz clic en la imagen para ampliarla.

Y con la orina…

El aliento tampoco debía de ser muy agradable, las frecuentes caries y alteraciones bucales debían provocar una fetidez importante. Para ello, durante los siglos XVI al XVIII usaban una pasta muy blanca a base de almidón y azúcar (alcorza) con la que hacían grageas. Pero también utilizaban otro líquido mucho más barato aunque no tan agradable como colutorio, la orina, utilizada en la antigüedad desde que Hipócrates explicara sus bondades: curaba las enfermedades de los ojos, las quemaduras, las supuraciones de los oídos, las úlceras, las llagas de los genitales… Incluso se utilizaba para saber si una mujer estaba embarazada. ¿Cómo? Pues ahí va la explicación:

La mujer que quería conocer su estado de gravidez orinaba en un recipiente de barro en el colocaban una aguja por la noche. Al día siguiente, si la aguja tenía manchas rojas, la mujer estaba embarazada. Las inglesas eran un poco más brutas y utilizaban la orina de su marido ingeriéndola durante el parto para evitar así problemas médicos en el futuro.

Pero aquí no acaba la utilización de la orina (aún hay más). A partir de 1880, los panaderos que elaboraban su pan cerca de una fábrica de cerveza, usaron su levadura para producir el pan, pero muchos panaderos utilizaban orina en su producción hasta que en 1887 pudieron disponer de una levadura fresca.

Así es que cuando compréis el pan, aseguraros antes si hay una fábrica de cerveza cerca. 😉

Links información:

Centro Estudios Cervantinos; Historias de la Higiene, de Antonio Balduque Álvarez.

 Links fotos:

Juan Carlos Martins; William H. Jackson; WikimediaWeb Gallery of Art

116 comentarios en “El siglo de Oro, una época un poco… sucia.

  1. bueno no me sorprende nada , en aquella epoca . mi profesora de historia , nos contaba , que en la edad media corrian los piojos por doquier , en la cabeza y por eso se ponian pelucas , para a si no verlos se ataban con lienzo bien el pelo y se ponian la peluca , se ponian polvos blancos de harinas para desimular la mugre que tenian , se ponian coloretes con las pinturas que pintaban los cuadros los pintores, limpiaban sus dientes con mezcla de ceniza y orin , se ponia un vestido nuevo cuando el otro ya estaba estropeado encima del viejo a si no tenian frio , no usaban aseo , si no hacian sus necesidades en cualquier rincon del palacio o castillo un criado lo recojia y l echaba sus necesidades x las ventanas o puertas habia orinales especificos para ello en los rincones . las calles de los pueblos y ciudades tenian canales para a si la caca y orin circulara , por ellos a sus anchas en fin estaban acostumbrados a esos olores , por eso habia tantas enfermedades y peste ,asearse era un pecado mortal mal visto ,los abanicos se hicieron para taparse la dentadura podrida ,y los pañuelos estaban impregnados de perfume para a si desimular el fetido olor que despedia su cuerpo , los niños bebes , estaban siempre empapados de orin y atados como si fueran una crocreta , inmobiles ,decian que a si se fortalecian los huesos , por eso tenian llagas y muertes , ,los pobres tenian gorros para tapase el cabello y los piojos las ropas remendadas y llenas de mugre y piojos de la ropa ,brillaba del sebo que tenia .las casas apestaban de orin y caca de animales y de humanos se hacian en la cuadra las necesidades , en fin un hambiente muy ecologico ,esa edad media que ascooooooooo

    • Hola Clara,
      incluso en el fastuoso palacio de Versalles, el Rey y los cortesanos hacían sus necesidades en cualquier esquina de alguna de sus estancias. De hecho, habían criados encargados de recoger los excrementos por doquier. ¡Ja, ja, ja! En fin, eran otros tiempos…
      Un saludos y bienvenida al blog

    • Hay que ver este asunto con un detalle: la poblacion que vivia en urbes, en ciudades, era escasisima, simplemente el 10% del total, que vivia en el rural con mejores condiciones, de manera que estas costumbres corresponden a las partes mas insalubres de la civilizacion: las ciudades.

      • Hola Ann,
        ciertamente, las ciudades eran (y siguen siéndolo) lugares donde se concentraban más insalubridades y enfermedades, ejemplo de ello fueron los episodios de peste que se han ido repitiendo a lo largo de la historia.
        Un saludo y me alegra contar contigo por esta sección del blog.

  2. Será un éxito o un fracaso una película ambientada en algunas de estas Cortes mostrando la verdadera higiene que allí existía?
    Me causa mucha gracia ver los personajes de Reinas, Princesas y cortesanas muy elegantes y pulcras, cuando sabemos que a mayor cantidad de pulgas y piojos, mayor era la reputación que ostentaban…

    • Hola Carlos,
      realmente chocante, ¿verdad? Imagínate en la corte del Rey Sol, en Versalles, centro de poder de Francia, con bailes, juegos e inolvidables veladas cortesanas, pero también con esos desagradables y microscópicos “bichitos” saltando de peluca en peluca. ¡Ja, ja, ja!
      Saludos y gracias por comentar.

  3. Pingback: El eco de las flores, la historia del perfume | franciscojaviertostado.com

  4. Pingback: El jabón, una historia muy limpia y espumosa | franciscojaviertostado.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s